Deuda y más deuda: Macri y la teoría del "todos para uno"

“Logramos recuperar la credibilidad y la confianza del mundo en Argentina y en el futuro de nuestra economía"

El Ministerio de Finanzas del Gobierno Nacional anunció que emitió el primer bono a 100 años, colocando en total U$S 2.750 millones a un interés de 7,125%, algo que el ministro Luis Caputo destacó como una demostración de que “logramos recuperar la credibilidad y la confianza del mundo en Argentina y en el futuro de nuestra economía". En el otro lado fueron más quienes criticaron que la tasa de interés es demasiado alta, el plazo extensísimo y la moneda de emisión del bono no es la propia. Dicen, los técnicos, que bajo esas condiciones no puede hablarse de una medida que vaya a favorecer el prometido desarrollo nacional. Independientemente de la evaluación técnica que pueda hacerse del tema, desde el llano no puede dejar de leerse con preocupación la noticia, por varios motivos. La mayoría de nosotros medimos una deuda, entre otros aspectos, por el tiempo que nos llevará pagarla, porque no soportaríamos legarla a nuestros hijos, a quienes queremos y deseamos el mejor futuro posible para ellos, como pregona el propio presidente Macri. El problema es que si el Estado Nacional contrae una deuda a 100 años ese mejor futuro posible ya no será tan posible no sólo para nuestros hijos, sino para nuestros nietos y nuestros bisnietos, quienes quedarán obligados a saldarla. Tampoco sería fácil encontrar muchos argentinos dispuestos a pagar una tasa de interés más alta que la que pagan otros. Bueno, en este caso, el 7,125% es más alto que lo se paga en México (5,75%), en diferentes lugares de Europa (menos del 3%) o en Irlanda y Bélgica (2,35%), por citar ejemplos. Por supuesto, la economía de un Estado no puede medirse con la misma vara que una economía personal, aunque tampoco puede prescindir absolutamente de los mecanismos que rigen el funcionamiento de ésta última: que siempre entre más de lo que salga y que si se pide sea para crecer. He aquí el mayor problema, la falta de un horizonte mejor. En efecto, si se juzga el derrotero del Gobierno Nacional en este año y medio de gestión se observa que pidió créditos que acaso le hayan dado auxilio financiero, aunque ese auxilio no llegó a la calle, sino al contrario. En efecto, para recibir esa “ayuda” –los financistas no prestan plata para ayudar a los demás, justamente- ha aplicado medidas de ajuste que aumentaron la inflación, hicieron crecer el desempleo, derivaron en el cierre de fábricas y en la desaparición de ramas de producción enteras. Sólo cuando sea capaz de demostrar fehacientemente que este endeudamiento es -o fue- el punto de partida para algo mejor se le podrá “perdonar” a este Gobierno Nacional el sacrificio histórico al que arrastra a los argentinos contrayendo una deuda que durante un siglo penderá sobre nuestras cabezas, incluso cuando Macri no exista más. Mientras tanto, se seguirá añorando al Macri presidente de Boca que en algún momento propuso que los dirigentes respaldaran con patrimonio personal sus gestiones y que en el Estado opera en sentido contrario: respalda su gestión con el patrimonio de todos.
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