Millones en gastos para el Congreso, pero el sacrificio se les pide siempre a los mismos

Millones en gastos para el Congreso, pero el sacrificio se les pide siempre a los mismos

Los diputados y senadores que habitan el Congreso de la Nación tienen más empleados de los permitidos y gastan millones por mes. Sus salarios siempre aumentan, mientras que el de sus votantes cada día vale menos.

El Presupuesto Nacional 2018 destinó $6.582 millones para gastos en la Cámara de Diputados de la Nación, donde trabajan 6.220 personas. Si se divide la cantidad de diputados (252) por la cantidad de empleados se cae en la cuenta que cada legislador tiene a su disposición 24 asistentes, colaboradores, etc., en los que gasta 2 millones de pesos mensuales en promedio. Según la diputada Karina Banfi, el reglamento de la Cámara dicta que cada político puede tener hasta 7 empleados (4 en planta permanente y 3 en situación transitoria). Esto indicaría que el total de empleados debería ser 1.799; entonces estarían sobrando 4.121 personas (si sumamos al total correspondiente el personal de limpieza, mantenimiento, taquígrafos). En Senadores la cuestión empeora. Allí trabajan 5.779 empleados, lo que señala que cada senador tiene un promedio de 80 personas a su cargo por las cuales gastaría un promedio mensual de 8,4 millones de pesos, monto similar al de una pyme. Teniendo en cuenta estos datos y recordando los faltazos que suelen pegar los legisladores al Congreso (algunos van cuando quieren), la nula producción legislativa de algunos de ellos, las desastrosas opiniones en las que suelen incurrir sobre diversos temas, el mes y medio que tienen de vacaciones cada año, entre tantos otros beneficios; ¿no sería mejor que el proceso de austeridad que pide el oficialismo empiece por ellos? Los representantes del pueblo son los que deberían dar el ejemplo y el primer paso para poder ahorrar en gastos estatales y dejar de pedirle a la gente que se siga esforzando o que sigan aguantando porque en algún momento les va a ir mejor y van a salir de su difícil situación. Pasa que ese momento nunca llega y los diputados y senadores tienen la costumbre de subirse el sueldo, más allá de si el país está en crisis o no. Desde hace muchos años el poder político le debe explicaciones a la sociedad sobre sus constantes contradicciones porque generalmente dicen una cosa pero hacen otra.