El diálogo, como yo digo

El diálogo, como yo digoEl diálogo, como yo digo

El presidente Mauricio Macri consideró “una pérdida de tiempo que no va a llevar a ningún lado” la marcha que la CGT llevó adelante este martes en Plaza de Mayo, al tiempo que instó “al diálogo” entre las partes como forma de solucionar los problemas.

Sin embargo, un día después, se conoció que desplazó a dos funcionarios cercanos al sindicalismo: Luis Alberto Scervino (superintendente de Servicios de Salud de la Nación) y Ezequiel Sabor (viceministro de Trabajo). Las determinaciones son, en principio, un condicionamiento/ advertencia: con la designación de Scervino, el Gobierno devolvió a las obras sociales sindicales 30.000 millones de pesos que la presidencia de Cristina Kirchner retenía a partir del enfrentamiento; Sabor por su parte, era uno de los nexos con el sindicalismo a la hora de las negociaciones. El presidente toma así una posición que, se comparta o no, obstaculiza el diálogo, que es una práctica que por definición implica que las partes se escuchan además de decir, sin condicionamientos de ninguna parte. No hay cambio en esta postura: el año pasado Alfonso Prat Gay, cuando era ministro de Hacienda y Finanzas, había advertido que “cada sindicato sabrá dónde le aprieta el zapato y hasta qué punto puede arriesgar salarios a cambio de empleos". Ahora, sin Prat-Gay en el gobierno y en un contexto económico claramente perjudicial para los asalariados, esas palabras recobran valor. Como un impedimento al diálogo.
“Un vínculo político que nos fortalece para planificar el desarrollo y reclamar lo que es nuestro”