Las callecitas de Santa Rosa tienen ese no se qué...

Transitar por Santa Rosa se ha transformado en una verdadera odisea por el estado en el que se encuentran sus calles.

Fotos, comentarios, mensajes, publicaciones y cualquier forma de expresión son testimonio del lógico y entendible malestar de los ciudadanos que reclaman las respuestas que merecen y se sienten discriminados cuando ven que en otros lugares el Gobierno Provincial impulsa obras vinculadas con la reparación de caminos o asfaltado de calles. En realidad, en el fondo hay un problema de comunicación: hacer asfalto en Santa Rosa hoy es un gasto. Innecesario e improductivo. Por eso es un gasto -millonario- y no una inversión. No es que las calles no lo requieran, sino que la situación ambiental no lo amerita. Sabido es que el ascenso de las napas freáticas y el estado de los desagües cloacales obligan a implementar un plan de mitigación para luchar contra sus efectos, que por cierto son bastante más nocivos que la rotura de las calles, aunque no los veamos. En ese sentido, hasta que las obras no concluyan cualquier tarea de pavimentación supone aplicar “parches” que lejos de ser soluciones implicarían más trabajo, ya que habría que romper luego, malgastando tiempo y dinero y perdiendo eficacia. La comuna podría, eso sí, cumplir con un rol más activo a la hora de ordenar el tránsito por caso, en función del estado de las calles. Y los ciudadanos deberíamos cumplir con las recomendaciones, por supuesto. Diferente es el caso de las calles de tierra. Para ello sí la Municipalidad cuenta con maquinarias y empleados que deberían mantenerlas en condiciones. Y si no alcanzara, pueden gestionarse a través de la Secretaría de Asuntos Municipales, como han hecho muchos otros pueblos a la hora de recomponer las redes terciaras afectadas por, por ejemplo, las inundaciones. También debe hacerse una diferencia al hablar de las rutas: más allá de que todas pasan por La Pampa, las nacionales y las provinciales no son lo mismo ya que las primeras son responsabilidad de Vialidad Nacional y las segundas de Vialidad Provincial. La distinción parece casi sin importancia para quien tiene que transitarlas, pero tiene implicancias que van más allá de quién cumple con el rol que le corresponde: el accionar de una dependencia en el ámbito de la otra da lugar a sanciones legales además del perjuicio económico. Por mucho que pese, en definitiva, se trata de armarse de paciencia y no perder de vista cuál es la responsabilidad de cada Municipalidad y cada Gobierno, porque en tiempos electorales la opinión pública suele convertirse en un botín más preciado que la verdad.
“Un vínculo político que nos fortalece para planificar el desarrollo y reclamar lo que es nuestro”