Donar órganos, un acto altruista

Donar órganos, un acto altruista

La cantidad de donantes de órganos en Argentina aumentó un 60% durante el último año.

Argentina se convirtió en el país líder en la donación de órganos al alcanzar la cifra de 20 donantes cada un millón de habitantes, según informó el presidente del Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (Incucai), Alberto Maceira. De esta manera, nuestro país experimentó un crecimiento del 60% en la cantidad de personas donantes, entre el año pasado y el actual. “Esto nos iguala con países de la Unión Europea y nos pone como líderes en América latina, pero vamos a seguir trabajando para que haya más donantes”, expresó Maceira durante la inauguración del Banco de Córneas de Entre Ríos en el hospital “San Martín” de Paraná. La provincia litoraleña se destaca a nivel nacional ya que encabeza el ranking del Incucai en cuanto a donación de órganos y tejidos, manteniendo una tasa que no baja de los 16.73 donantes por millón de habitantes en los últimos diez años y que en 2019 alcanzó los 23.30. Asimismo, todavía existe mucho desconocimiento por parte de la sociedad sobre la importancia de esta práctica y la manera en que se lleva a cabo. No cualquier persona puede ser donante debido a que eso depende de las características del fallecimiento. Llegado el momento, son los médicos los responsables de decidir qué órganos y/o tejidos de un cuerpo son aptos para ser trasplantados. Un requisito indispensable para que alguien pueda convertirse en donante una vez muerto es que el deceso se produzca en el área de terapia intensiva de un hospital porque es la única manera de mantener el cuerpo artificialmente desde la hora de la muerte hasta que se extraigan los órganos. Sin embargo, para extraer los tejidos, no es necesario que el individuo muera en una terapia intensiva. La donación de órganos no modifica la apariencia de la persona fallecida ya que estos se extraen mediante un procedimiento quirúrgico que no altera el aspecto externo del cuerpo. La distribución de los órganos donados es realizada por el Incucai, que controla y fiscaliza una lista de espera que es única en todo el país. La asignación de órganos y tejidos se hace según criterios médicos objetivos, que busca asegurar la equidad y transparencia del proceso. Algunas consideraciones base sobre las que se toman las decisiones tienen que ver con la urgencia según la gravedad del paciente, la compatibilidad entre donante y receptor, la oportunidad del trasplante, el tiempo en lista de espera, entre otros. Por otro lado, existen ciertas circunstancias en las que la ley permite que se realicen donaciones de órganos entre personas con vida. Solo es posible ante una situación extrema, en la que no haya donantes cadavéricos y exista un vínculo familiar entre los interesados. No obstante, esta alternativa únicamente refiere a los casos de trasplantes renales o hepáticos. Entre familiares solo se permite la donación cuando se conoce una alta probabilidad de que no afectará la salud del donante y hay estimaciones de éxito para quien va a recibir el órgano. La Ley Justina, que fue aprobada por el Congreso en julio del 2018 y reglamentada en enero de este año, introdujo algunos cambios fundamentales en la temática. Ahora todas las personas mayores de 18 años se convierten en donantes, a menos que manifiesten voluntad expresa en sentido contrario, y los médicos ya no tienen que consultar más a los familiares de un paciente para hacer una extracción de órganos, tejidos o células, a menos que la persona sea menor de edad. Es una frase harto conocida y muy repetida, pero no por eso menos cierta: la importancia de donar órganos radica en que se pueden salvar otras vidas, y con ellas, otros sueños.