La pobreza es un problema, pero su medición también

La pobreza es un problema, pero su medición también

La desconfianza en los sistemas estatales de medición de la pobreza, y otras variables, no desapareció con el cambio de gobierno. Un grupo de profesionales realizará un experimento para demostrar que la canasta básica no sirve como referencia.

La pobreza es un problema estructural que atraviesa la Argentina desde su fundación como Estado-Nación, y desde antes seguro que también. En los últimos años del gobierno kirchnerista, la oposición criticaba que había un apagón estadístico y desconfiaba de los datos difundidos, principalmente respecto a la inflación. Cuando se produjo cambio de gobierno a fines de 2015, el macrismo modificó la metodología de medición del Indec para cuantificar la pobreza existente. Según el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), los cambios más transcendentes se dieron en la metodología de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) y esto repercute en indicadores muy sensibles como la desocupación, la desigualdad y la pobreza, debido a que la EPH es el insumo a partir del cual se calculan. Estas modificaciones han generado dificultades grandes para poder realizar comparaciones. La EPH se trata de una encuesta que se hace por muestreo, lo que significa que cada persona y hogar que es incluido en el estudio en realidad representa a un número mayor, y eso se denomina proyección poblacional. Como a partir de 2016 las proyecciones poblacionales fueron las que fueron mayormente modificadas por la nueva gestión, en la práctica generó que la proyección poblacional a la cual se refiere en la encuesta es sensiblemente diferente. Pero esta no es la única inconsistencia, sino que también hay errores en la composición, valorización y actualización de las canastas básicas utilizadas para representar las necesidades básicas que debe satisfacer la población. El Indec usa canastas basadas en el patrón de consumo de los años 1996/1997, o sea que el organismo estatal se encuentra muy distante de poder medir el paquete de bienes y servicios que la población pobre de referencia debe consumir para satisfacer sus necesidades en la actualidad. En este contexto, donde seguimos sin tener un ente estatal que mida la pobreza y otras variables sociales y económicas de manera fiable, un grupo de voluntarios llevarán a cabo un experimento para poner a prueba la metodología de medición de la pobreza en Argentina. El proyecto, bautizado “Czekalinski”, fue elaborado por 18 profesionales pertenecientes al Conicet que buscan analizar si la canasta básica de alimentos sirve para medir la pobreza. “Se nos ocurrió el año pasado cuestionar un poco como se viene midiendo la pobreza en la Argentina y por eso nos involucramos con la canasta básica. Sabemos que es uno de los medidores centrales y que se utiliza desde el año 1988. Está compuesta por 64 productos. Lo que nunca se hizo con esta canasta es ponerla a prueba en el cuerpo. La idea básicamente es que una persona consuma estos productos en un período prolongado de seis meses”, relató Sofía Chacón, una de las participantes. Los 18 voluntarios se dividirán en tres grupos: seis de ellos se van a alimentar comiendo lo que propone la canasta del Indec, otros seis lo harán siguiendo las recomendaciones de las guías de alimentación en Argentina (GAPA), que cuentan con la oficialización del Ministerio de Salud nacional, y el último grupo de seis seguirá consumiendo lo que come habitualmente. En cada conjunto habrá tres hombres y tres mujeres, que mantendrán cada tipo de alimentación durante seis meses. El equipo de trabajo está conformado por politólogos, periodistas, médicos, nutricionistas, psicólogos y un cocinero. “Lo que queremos hacer es modificar como se mide la pobreza en Argentina. Queremos que la canasta básica sea reemplazada por las GAPA, que son estas guías saludables y queremos que no se mida por ingresos la canasta básica, pedimos que sea medida de manera multidimensional como ya lo vienen haciendo otros países, también intentamos poner en cuestionamiento lo que es “ser pobre” ya que la única base que tenemos para medirla es una que tiene una cantidad de alimentos y nada más y encima que no son de la mejor calidad. El costo se forma en la góndola comprando lo más barato y de peor calidad, así se conforma la canasta”, precisó Chacón. Las guías de alimentación GAPA fueron habilitadas por el gobierno nacional en el 2010 y se actualizaron cuatro años más tarde. La diferencia con los alimentos de la canasta básica es que incluye frutos secos, legumbres, carnes de mejor calidad, más frutas y verduras. El costo total del proyecto es de 3,3 millones de pesos ya que los investigadores deben conseguir 72 canastas para poder garantizar el alimento a todos los voluntarios que participarán del experimento. A través de la página web noblezaobliga.com, se pueden hacer donaciones.