Dólar a $60: los culpables de la corrida cambiaria más grande desde 2015

Dólar a $60: los culpables de la corrida cambiaria más grande desde 2015

La debacle económica que recién empieza en el país no es casualidad ni magia. Tiene nombres propios que son los responsables.

La escalada del dólar en la jornada de hoy lunes ya supera el 30% y se convirtió en la mayor devaluación diaria desde el 2015. Asimismo, las acciones argentinas en Wall Street fueron suspendidas y hasta el momento que ello ocurrió acumulaban un 61% de caída. El Gobierno Nacional seguramente intentará culpar a otros actores y factores de este desequilibrio. Quizás digan que los responsables son los operadores financieros por su especulación o, más probablemente, argumenten que es culpa del triunfo contundente de Fernández-Fernández en las PASO. Sin embargo, los únicos culpables que deben hacerse cargo de esta nueva megadevaluación son los funcionarios actuales del Poder Ejecutivo nacional, y principalmente los que ocuparon altos cargos en el Palacio de Hacienda y el Banco Central en los últimos cuatro años. Ellos son Alfonso Prat Gay, Federico Sturzenegger, Lucas Llach, Luis Caputo, Nicolás Dujovne, Guido Sandleris y Gustavo Cañonero, quienes estuvieron encabezados y apañados por el presidente Mauricio Macri. El estado calamitoso de Argentina en la actualidad, que incluye drama económico y social, fue perpetrado por las políticas económicas bajadas desde Nación. Las mismas se basaron en desregulación total del mercado cambiario, apertura irrestricta para egreso e ingreso de capitales financieros, endeudamiento adictivo y bicicleta financiera (primero con las Lebac y después con las Leliq). El combo era una bomba de tiempo y muchos especialistas lo venían advirtiendo. Los anteriormente nombrados son los culpables de este plan desastroso, porque lo idearon y lo ejecutaron, con la complicidad de los economistas de la city, que intentaron otorgarle legitimidad a un proyecto económico que fracasa cada día más, y el radicalismo, partido que ya en dos oportunidades anteriores también ayudó a producir crisis de gran envergadura en el país. Una ocurrió en 1989 durante la presidencia de Raúl Alfonsín y la otra en 2001, con Fernando De La Rúa ocupando el sillón de Rivadavia. En la primera, el resultado fue una hiperinflación galopante, y en la segunda terminó con default y megadevaluación. El FMI tuvo participación en las tres ocasiones, pero esta vez su rol fue más determinante al avalar un programa de economía paupérrimo. El organismo internacional, cuyo sinónimo también podría ser Estados Unidos, concedió el préstamo más grande de su historia a mediados de 2018, cuando se sabía que la economía de Argentina ya estaba a la deriva y cuando unos meses antes a eso, Wall Street le había cerrado la canilla de los dólares a nuestro gobierno. La decisión del Fondo se explica únicamente desde un interés político, que sería el objetivo de evitar que vuelva al poder una gestión que ellos consideran populista, sosteniendo como sea un gobierno de derecha que beneficia a unos pocos poderosos y sume en la pobreza a millones. Los culpables son Macri y sus secuaces, pero las consecuencias reales, que recién comienzan a experimentarse en profundidad (aunque ya están ocurriendo hace meses) serán sufridas por todos los argentinos.