San Cayetano, un fenómeno religioso pero también social, cultural y político

San Cayetano, un fenómeno religioso pero también social, cultural y político

“Trabajo sin pan es explotación, pan sin trabajo es humillación”, dijo uno de los obispos.

Todos los 7 de agosto la iglesia católica celebra a San Cayetano. Es una de las pocas festividades que excede sus límites porque en ella participan no solo fieles religiosos sino también personas que no son creyentes pero se sienten interpeladas por el lema, que ya sale de memoria: paz, pan y trabajo. Miles de individuos de todas las edades y características se congregan en los distintos templos del país que convocan al santo. El pedido más solicitado es por trabajo, y más en estos tiempos, pero todo es una sola cosa porque el empleo trae la posibilidad del pan que llena la panza y así se accede a la paz. Además de las familias y las personas solas que acuden a rezarle, San Cayetano es un fenómeno cultural, social y político porque también intervienen otros actores, que son las comunidades organizadas, las parroquias, las organizaciones sociales, los movimientos populares y políticos. En la iglesia de Liniers de la ciudad de Buenos Aires, donde se venera a este santo, es común ver gente acampar y dormir desde la noche anterior para entrar primera al templo y hacer su donación de alimento y vestimenta, esperando algo a cambio. Los sacerdotes de ese lugar expresaron que \\\"la asistencia se convierte en un termómetro muy elocuente de la situación social\\\", y cada año la cantidad de gente va en aumento. Desde ese lugar, organizaciones sociales, gremiales y políticas marcharon ayer miércoles hasta el Congreso de la Nación con el fin de reclamar por las políticas del gobierno nacional que incrementaron el hambre en la población y para exigirle al próximo presidente que incluya las demandas de ese sector en las políticas de Estado y se alcance un verdadero desarrollo de la economía popular. De la misma manera, en Santa Rosa se llevaron a cabo distintas misas y se hizo una procesión por los alrededores de la parroquia San Cayetano que está ubicada en la zona norte de la ciudad. Desde allí también se replicó la movilización ocurrida en Buenos Aires, cuando organizaciones sociales y gremiales locales marcharon hasta la plaza San Martín y en horas del mediodía hicieron una olla popular. En Rosario, el obispo Eduardo Martín se comunicó mediante un video grabado con los fieles y aseguró que “trabajo sin pan es explotación, pero pan sin trabajo es humillación”. El fenómeno de San Cayetano comenzó a perder su carácter religioso puro y a tomar tintes culturales y sociales a partir del 7 de noviembre de 1981 cuando una multitud, encabezada por quien en ese entonces era titular de la CGT, Saúl Ubaldini, se movilizó desde el santuario de Liniers. El objetivo era reclamarle a la dictadura militar que gobernaba Argentina por los despidos, los cierres de fábricas y la pérdida adquisitiva de los salarios. Hoy, 37 años después, sin un gobierno de facto, las características de los manifestantes (por lo general, pobres, creyentes, no creyentes, militantes, desempleados) y las reivindicaciones, siguen siendo las mismas.