Las canciones quedan, aunque los tiempos cambian

Las canciones quedan, aunque los tiempos cambian

Piero le escribió un emotivo tema a su padre que tan solo tenía 48 años de edad. La letra sigue vigente, pero se presta a la re significación.

“Es un buen tipo mi viejo, que anda solo y esperando, tiene la tristeza larga de tanto venir andando, yo lo miro desde lejos pero somos tan distintos”, es la estrofa inicial de uno de los clásicos de la música popular argentina. El tema se llama “Mi Viejo” y fue compuesto por el cantautor Piero de Benedictis, más conocido popularmente como simplemente Piero. Se lo escribió en dedicatoria a su padre, Don Pascual, en el año 1969, cuando sacó su primer disco. “Viejo, mi querido viejo, ahora ya camina lerdo, como perdonando el viento”, describe otra parte de la canción. Antes de grabarla, Piero agarró su guitarra y se dirigió hasta la casa de su padre para cantarle y mostrarle la canción. El mismo músico recordó en una entrevista posterior, muchos años después, que al terminar de cantar y emocionarse junto a su padre, este lo chicaneó: “Má, quién camina lento…la puta que te parió”. A Dos Pascual, que en ese momento tenía 48 años de edad, no le gustaba ser o sentirse una persona vieja, pero para el imaginario común de fines de los 60´ y principios de los 70´, alguien de alrededor de 50 años era considerado viejo. Hoy los tiempos han cambiado notoriamente, el progreso médico posibilitó extender la esperanza de vida. Además, las transformaciones culturales han modificado la percepción de todas las cosas. Una persona de 50 años de edad ya no es más un viejo, es alguien que tiene proyectos, hobbies, y hasta puede ser que en algunos casos estén terminando de criar hijos o consolidar una familia. Porque las reglas implícitas de la sociedad de hace 40 años, o más, dictaban que la mayoría de los jóvenes se casaran antes de cumplir los 25 y antes de los 30 ya tenían hijos y se abocaban a su crianza. Ahora eso es una excepción, se podría decir. Cada vez son más los adultos que no contraen nupcias, aunque llegan a convivir en pareja, o no tienen hijos, porque desean priorizar sus trabajos o carreras profesionales. El sueño de la casa propia era un anhelo fundamental en las parejas de antes, y aunque en estos tiempos la vivienda no dejó de ser un objetivo primordial, también existen otros deseos materiales que son buscados con entusiasmo, como viajar regularmente o comprar un automóvil. Ni la época de antes era mejor, ni la de ahora es peor o viceversa. Se trata de momentos distintos, con mentalidades que fueron mutando por el avance propio de la historia; es un proceso inevitable. Actualmente resulta extraño imaginarse que una persona sana de 48 años caminara lento, viendo a individuos de esa edad, o más, que andan con mil actividades de un lado para el otro, pero es innegable que en otro momento ocurrió eso. Y es más que seguro que volverá a suceder porque el tiempo no se detiene, y las personas que hoy tienen 70 u 80 años y la sociedad considera viejos, dentro de unas décadas se convertirán en los nuevos adultos, y los viejos serán otros.