No hay mejor medicina que la actividad física

No hay mejor medicina que la actividad física

Cada vez se descubren más y mejores beneficios de cuidar el cuerpo con ejercicios.

“Si las ventajas de la actividad física pudieran condensarse y embotellarse, probablemente sería el medicamento de mayor venta y más recetado de la historia”, dijo el doctor Edward Laskowski una vez para graficar el poder sanador que tiene el movimiento humano. Cuando se habla de actividad física y sus beneficios no se hace mención únicamente al deporte o a la práctica esencialmente física, sino que también incluye las tareas cotidianas, las derivadas del trabajo o la de los traslados motrices que se deben hacer cotidianamente. La ciencia viene demostrando las ventajas de la actividad física para preservar la salud, ya sea mejorando el peso corporal, el apetito, aumentando la calidad del descanso, el estado de los músculos, tendones y huesos, y convirtiéndose en una gran ayuda para evitar contraer cardiopatías, diabetes e hipertensión arterial. Del mismo modo, el cerebro también recibe los beneficios de una vida sana porque el ejercicio regular lo oxigena y no son pocas las personas que reconocieron que les sirve como un modo de hacer terapia. De hecho, los últimos descubrimientos impactan a los profesionales de la medicina porque muestran que la actividad física también sirve para combatir enfermedades ya desarrolladas, casi al mismo nivel que los medicamentos. Con un programa de entrenamiento planificado, los pacientes experimentan menores dolencias, o incluso una curación definitiva de las mismas, y recuperan su independencia en sus movimientos o, en casos complejos, no ven reducida en gran nivel su capacidad funcional. La explicación de esto es que el ejercicio protege los telómeros, que son pequeñas coberturas de los extremos de los cromosomas que se encargan de retardar el envejecimiento de las células. Por todo esto, la actividad física se recomienda para tratar y evitar afecciones como la hipertensión, el infarto al miocardio, la diabetes, el colesterol alto, patologías respiratorias, fibrosis quística y hasta el cáncer. Con esta última enfermedad nombrada, si uno mantiene el cuerpo en movimiento se puede lograr que la quimioterapia no degrade el músculo o empeore la capacidad del corazón. Más allá de todo, las costumbres de la vida moderna llevan a que mucha gente no haga nada y su rutina sea sedentaria. La obesidad se expande por el mundo, entonces los progresos científicos no son aprovechados por la sociedad que hace algo contrario a lo recomendado. Tal situación solo puede salvarse con educación y concientización. Para eso es fundamental que los trabajadores de la salud y la educación física se capaciten en esa dirección, con el objetivo de que aprendan a inculcar buenos hábitos, principalmente entre los más pequeños, que es la edad donde se adquieren las herramientas cognitivas que nos acompañarán para toda la vida. Las escuelas son un actor primordial, aunque en el segmento de los adultos también entra en juego la voluntad y la conciencia de cada uno para no solo ponernos las pilas cuando estamos ante un diagnóstico desfavorable sino para cuidarnos y prevenirnos a nosotros mismos intentando una vida que nos mantenga sanos.