“Pindonga” y “Cuchuflito” en el centro del debate lácteo

“Pindonga” y “Cuchuflito” en el centro del debate lácteo

Dos palabras bien argentinas tomaron el centro de la escena mediática en los últimos días a partir de que la ex presidenta Cristina Fernández las pronunciara.

“Pindonga” y “Cuchuflito” dijo la líder de Unidad Ciudadana, en referencia al auge actual de las segundas marcas de productos que ahora se venden más con motivo de la crisis económica…y estalló la polémica. Los medios hegemónicos afines al oficialismo salieron a criticarla porque consideraban que era tratar con desprecio a las empresas menores, en tanto que las publicaciones opositoras a la gestión macrista mostraron que algunas de esas segundas marcas son propiedad de los gigantes empresariales que también producen las primeras marcas. Según un artículo de Alejandro Rollán en el suplemento Agro del diario La Voz del Interior, los lácteos son el segundo producto más consumido por la población argentina, después de la carne. Y Argentina es el segundo país sudamericano en el que más leche se toma; el primero es Uruguay. Cada habitante demanda 200 litros por año, de los cuales la mayoría son satisfechos por segundas marcas. Esta franja de empresas pudo consolidar su posición a partir de 2016 cuando la estructura industrial de Sancor se dividió. El único grande que quedó fue La Serenísima, que procesa el 12% de toda la leche que se produce a nivel nacional. El resto del mercado es abastecido por pymes que principalmente están instaladas en Córdoba y Santa Fe, y que también exportan. El mercado lácteo de Argentina es el que menor concentración presenta a nivel mundial. Desde la otra campana lo que resaltan es justamente eso, que las segundas marcas suelen crecer cuando hay épocas de crisis económicas. De hecho, en el primer trimestre de este año el consumo de segundas marcas aumentó un 5% y según la consultora Focus Market “desde 2016 a 2019 las marcas mayoristas y poco conocidas pasaron de una participación del 32,6 al 42,8 por ciento en unidades y del 21,5 al 27,7 por ciento en facturación”. Tales datos no son desmentidos por los opositores a Cristina, tan es así que el artículo citado de Rollán incluye el dato de que la segunda marca láctea que produce La Serenísima, llamada “Armonía”, fue consumida el año pasado por un 26% de los hogares argentinos y resalta que fue la denominación que más creció durante el 2018. El debate fue animado incluso por el propio presidente Mauricio Macri, quien en una recorrida por Córdoba dijo lo siguiente y recordó las palabras de la senadora: \\\"los productores que todos los días salen a trabajar, llegando con sus productos a las góndolas de los argentinos. Y muchos pequeños productores vinculados a Pymes de marcas tal vez no conocidas, como \\\'cuchuflito\\\', como decía la ex presidenta\\\". Cristina también arrimó leña al fuego desde sus redes sociales oficiales y publicó una nota del diario español El País que remarca que el producto más vendido de la lista de precios congelados que estableció el gobierno nacional es la leche “La Martona”, la cual es producida por la compañía Mastellone Hermanos, grupo que también fabrica la marca La Serenísima. Asimismo, los españoles trajeron a colación el caso de La Suipachense, que según uno de sus propios representantes dijo a Infobae, es un producto lácteo que “no reemplaza a la leche, sino que es una alternativa más económica para que el consumidor pueda satisfacer sus necesidades”. Estrategias similares se estarían usando en yogures y quesos, donde se producen alimentos en base a otras materias que tienen un aporte alimenticio bastante inferior. En conclusión, lo importante es saber que muchas de las segundas marcas de productos lácteos son hechas por las mismas empresas dueñas de las primeras marcas, como táctica para no perder ganancias y no dejar crecer a pymes menores. Pero también es necesario conocer que existen decenas de pequeñas y medianas compañías que producen productos lácteos y tienen una alta participación en la comercialización interna y externa, un poco más notoria en épocas de crisis pero también con cierta presencia en los tiempos de bonanza económica.