Cómo se mide la posición política de la sociedad y cuánto cuesta

Cómo se mide la posición política de la sociedad y cuánto cuesta

Cada proceso electoral reaviva la pasión por saber qué piensa la opinión pública en materia política.

Las encuestas han perdido cierta legitimidad en los últimos años, y no solo en Argentina, debido a que pronosticaron resultados que estuvieron bastante alejados de lo que realmente sucedió después. Sin embargo, en cada época electoral que se avecina se vuelve a despertar el furor por estas herramientas de medición, que tanto atrae a los medios de comunicación como a los partidos políticos. La actualidad es una muestra fiel. En el último mes y pico, desde que se conoció con precisión cómo estarían conformadas las fórmulas de candidatos, empezaron a circular diversas encuestas y sondeos que arrojaron panoramas diferentes. Que gana Fernández-Fernández en primera vuelta por más de 10 puntos, que Macri-Pichetto se acercan y fuerzan un ballotage, que en segunda vuelta ganaría el oficialismo, que Fernández gana en segunda vuelta por muy poco. De todo hubo. Asimismo, es bueno conocer cuáles son las metodologías que se usan para hacer estas predicciones y cuánto cuestan, a sólo 15 días de las PASO. Una de las técnicas usadas es la encuesta personal domiciliaria, que consta de un encuestador que visita a cada persona en su casa y le hace las preguntas. Con esto se puede armar un muestreo pormenorizado por ciudad, barrio, manzana, etc. Son las más fiables porque son cara a caro, pero también son las más caras y las más lentas de realizar. Los precios de un trabajo así varían entre 700 y 2.500 pesos por caso. Después está la encuesta telefónica, que es el método más utilizado en Argentina desde los años 90´. Existen dos tipos, el que es llevado a cabo por un encuestados, o sea una persona real, y el que se hace respondiendo a un sistema automatizado, algo así como una grabación. El primero presenta un límite en estas épocas porque no llega a los sectores que no poseen teléfono fijo, que son principalmente las clases bajas y, en este último tiempo, una parte también de las clases medias. Así, se corre riesgo de que la muestra incluya a muchas personas de la misma edad, por lo que será necesario hacer una ponderación para corregir ese desequilibrio. Este tipo de sondeos cuestan entre 400 y 700 pesos cada entrevista. El segundo sistema tiene la ventaja de ser más rápido para conseguir la cantidad de respuestas necesarias aunque los ciudadanos son un poco reacios a este estilo de intromisiones y muchas veces no las responden, lo que obliga a la encuestadora a hacer miles de llamados para cumplir con el objetivo. No obstante, su precio es mucho menor ya que salen entre 90 y 160 pesos el caso. Por otro lado están los focus group que fueron conocidos masivamente a partir de la irrupción del macrismo pero en realidad se usan en nuestro país desde hace varias décadas, fundamentalmente en estudios de marketing publicitario. Su intención es armar una muestra más cualitativa que cuantitativa. Los participantes reciben un obsequio por formar parte, y no son sometidos a un cuestionario sino que hay un moderador que guía una conversación entre un grupo reducido de personas que son especialmente elegidas. El objetivo es profundizar en sus emociones, intentar entender por qué sostienen tal o cual posición respecto a un tema. La actividad se desarrolla en una habitación con una pared espejada, donde del otro lado hay un equipo de investigadores observando todo y tomando nota de lo que dicen, hacen, de los gestos, movimientos y demás. Estos estudios requieren que se armen por lo menos entre cuatro y ocho grupos, los cuales son segmentados por región, municipio o distrito. Contratar una consultora para realizar un focus group puede salir entre 25.000 y 50.000 pesos. Por último están las encuestas online, que son más nuevas y han sido criticadas porque supuestamente no tienen una alta representatividad, pero vienen ganando terreno en esta previa de las PASO. Las que más se usan son las que simulan un cuarto oscuro. Detentan tres ventajas respecto a los formatos tradicionales de medición: la inclusión de estímulos audiovisuales (mostrar boletas, por ejemplo), la preservación de la intimidad y la diversidad temática para las consultas. Aquí es necesario que los interesados en participar se inscriban previamente en una base de datos. Luego se emplea un sistema parecido al de las tarjetas de crédito, donde la sumatoria de respuestas se traduce en puntos que corresponden a un determinado obsequio.