El honor en la guerra

El honor en la guerra

Una historia de Malvinas resalta el respeto por los códigos de un soldado inglés que le perdonó la vida a un argentino.

Roberto Bacilio Baruzzo actualmente tiene 59 años, pero hace tiempo tenía tan solo 22 y peleó por su país contra Inglaterra. Una historia en particular, muy poco conocida por la sociedad, lo pinta de cuerpo y alma. Ocurrió en una fría madrugada de junio de 1982 sobre el Monte Kent, mientras Baruzzo cumplía órdenes de sus superiores y cuidaba unos helicópteros fue sorprendido por un ataque aéreo enemigo y un alambre le atravesó el brazo. Un capitán ordenó cargar los heridos en los helicópteros y trasladarlos a Darwin, pero al protagonista de nuestra historia le dice que resista allí y espere un enfermero. Roberto, con su brazo que se le hincha cada vez más, decide replegarse hasta Monte Harriet junto con otro regimiento. Al llegar a destino son atacados nuevamente por los ingleses, Baruzzo cae al piso y un compañero le pisa su herida. Se levanta y se dirige a la enfermería, como no hay nadie se automedica con penicilina en polvo. Con total desconocimiento, se tira el polvo sobre la herida. Primero le arde, y después siente que está ayudando a sanar. El ataque se calma, pero se reanuda antes de que amanezca. Las bombas derrumban las trincheras y los soldados argentinos empiezan a salir de ellas. En medio del descontrol, Baruzzo divisa a su amigo y su superior, Jorge Echeverría, quien está herido y rodeado por ingleses. Se decide a ir en su rescate, derriba a un enemigo, le roba su fusil y mirando a través del visor nocturno del arma se percata de las ventajas que tuvieron los ingleses en su armamento respecto a los argentinos. Mata a varios soldados ingleses y llega hasta Jorge. Ambos se intentan proteger detrás de una piedra demasiado pequeña para los dos. Roberto le hace un torniquete y lo lleva arrastrando de su chaquetilla, mientras se saca de encima a los adversarios con el fusil robado. Su compañero tenía cinco heridas de bala. En un momento, Echeverría se desploma y le pide que lo deje para que se salve él. Discuten. Para Baruzzo “era de una cobardía total” dejarlo morir allí y sintió que no se lo podría perdonar nunca si lo hacía. Su superior le ordena que lo abandone, y entonces Roberto se apoya en su pecho y se larga a llorar como un niño. \\\"Ese hombre me transmitía paz. Era mi jefe, el jefe que yo siempre soñé tener. Si me mataban iba a ser una muerte realmente digna\\\", rememora Roberto hoy, 37 años después del conflicto bélico, en una entrevista con el portal Infobae. Ellos están solos, envueltos en lágrimas y sin municiones, al tiempo que observan como a lo lejos una formación de soldados ingleses se aproximan en forma escalonada para rodearlos. Baruzzo se para, levanta su cuchillo y se pone en pose de pelea diciendo “vamos a ver cómo morimos”. Un primer soldado inglés se acerca pero no lo liquida, sino que le toca el brazo con su fusil y le indica que se desarme. Roberto soltó el cuchillo e inmediatamente aparecieron 4 o 5 ingleses más. Uno de ellos le dice “war is over” (la guerra terminó); y lo abraza. \\\"Sigue siendo mi enemigo y lo van a ser siempre. Yo no me abrazo con ningún inglés, no quiero saber nada con ellos. Pero en ese abrazo sentí como si fuera mi padre, y me eché a llorar en sus brazos… Así es, apretado contra él me eché a llorar\\\", relata nuestro héroe. Echeverría fue llevado en helicóptero hasta un buque hospital británico donde le salvaron la vida. Hoy vive en Tucumán con su esposa y tienen dos hijas. Al día siguiente, el cabo Baruzzo debió recoger los cuerpos de los ingleses que había matado defendiéndose él y su compañero la noche anterior. Cuando cumplía con esta tarea, un soldado enemigo se le acercó y le confesó: \\\"Tuviste suerte, nuestro jefe maneja un código de honor: al que se lo encuentra en el campo enemigo combatiendo por un camarada se le perdona la vida\\\". Riachuelo, el pueblo correntino donde nació Roberto Bacilio Baruzzo, tiene una calle con su nombre, y la ciudad capital de Corrientes, donde vive, lo homenajeó con un busto. Es uno de los pocos combatientes que recibió la Cruz al Heroico Valor en Combate. Está casado y tiene dos hijas; una de ellas se llama Malvina Soledad…no hace falta explicar por qué.