La problemática habitacional no existe solo en Argentina

La problemática habitacional no existe solo en Argentina

Finlandia es el único país de la Unión Europea que está a punto de solucionar el problema de la gente que vive en situación de calle.

El programa “Primero la Vivienda” fue lanzado por las autoridades de Finlandia en el 2008, luego de años de ver como su política habitacional venía fracasando. La idea surgió a partir de un grupo de cuatro personas. Un sociólogo, un médico, un político y un obispo se dieron cuenta que los refugios nocturnos y los lugares donde las personas indigentes podían quedarse por un corto plazo de tiempo no solucionaban nada. El razonamiento fue que Finlandia abordaba la problemática erróneamente, igual que otras naciones, implementando un modelo en escalera: la persona iba ascendiendo a través de diferentes fases de alojamiento temporal a medida que rehacía su vida, y el acceso a una casa propia era el último escalón. El gobierno, autoridades locales y ONG´s se percataron que primero debían dotar de un techo a las personas que vivían en la calle y después empezar a buscar la solución de los otros problemas que tengan. Los cuales podrían llegar a ser de adicciones y trastornos mentales hasta desempleo. Así, comenzaron a comprar y construir edificios nuevos, incluso se remodelaron los antiguos refugios nocturnos. Ya han creado 3.500 hogares nuevos y en 11 años se logró reducir en un 35% la cantidad de personas sin vivienda. Por supuesto que esta iniciativa demandó una gran inversión del gobierno de Finlandia que desembolsó 250 millones de euros para comprar o construir edificios de viviendas y contratar 300 empleados que trabajen allí. Pero un estudio demostró que de esta manera se ahorra más dinero, ya que cada persona que es sacada de la calle le ahorra al Estado 15.000 euros en concepto de emergencias médicas, servicios sociales y sistema judicial por año. En la capital del país, Helsinki, ya casi no hay gente viviendo en las calles. Allí hay 60.000 unidades de vivienda social y uno de cada siete habitantes vive en una propiedad del Ayuntamiento (lo que sería Municipalidad en Argentina), que es poseedora del 70% de los terrenos que se encuentran dentro de los límites de la ciudad, tiene su propia empresa constructora y cuyas autoridades se plantearon el objetivo de construir 7.000 nuevas viviendas por año. Asimismo, en Helsinki se intenta evitar la segregación y por eso cada distrito tiene una determinada cantidad de casas sociales. La distribución es 25% de viviendas sociales, 30% de compras subsidiadas y 45% del sector privado. También se busca que no haya diferencias entre las propiedades sociales y las privadas, y los inquilinos de las primeras no tienen la imposición de un techo salarial. Otro aspecto muy importante del proyecto son los servicios sociales que se les ofrece a las personas a las que se le otorga una vivienda, los cuales van desde ayudar con trámites burocráticos, acceso a la formación educativa, al empleo hasta organizar actividades recreativas o enseñar a cocinar y mantener limpio el hogar. La inversión en equipos de trabajo para que colaboren con los inquilinos e intervengan en los casos en que están por perder sus contratos de alquiler, y por lo tanto su techo, ha sido también muy grande. Y dio resultado porque se redujeron a la mitad la cantidad de personas que perdió su casa entre 2008 y 2016. Los individuos que son beneficiados con una casa están a prueba durante tres meses y luego se les hace un contrato permanente. Solamente pueden ser expulsados si violan alguna de las normas de convivencia o dejan de pagar el alquiler. Hay casos variados de quienes pudieron rehacer sus vidas, algunos estuvieron por siete años o más en las casas estatales, mientras que otros permanecieron por un par de años y se fueron. Distintos países, como Francia, Australia y Reino Unido, están tratando de copiar el programa en sus territorios. Finlandia todavía no consiguió resolver por completo el problema habitacional, pero está camino a hacerlo. Oficialmente quedan 5.500 personas sin hogar en el país, aunque la gran mayoría (más de un 70%) vive temporalmente en casas de amigos o familiares.