Aprender a agradecer, saludar y pedir bien

Aprender a agradecer, saludar y pedir bien

La importancia de que los niños sepan decir “gracias”, “por favor” y “buenos días”, son valores fundamentales para mejorar una sociedad.

Para algunos serán detalles que no hacen una gran diferencia aunque con solo ponernos a pensar en esas personas que cuando entran a la sala de espera de un consultorio o a un comercio, por ejemplo, no saludan a la gente que ya está ahí, o quienes no agradecen cuando la situación lo amerita o aquellos que no solicitan sino que siempre exigen, nos daremos cuenta que no son circunstancias que están del todo bien. Especialistas en psicología y educación coinciden en la importancia que tiene que los adultos enseñen a los niños desde pequeños los valores del agradecimiento, los buenos modales y los códigos de conducta de una determinada sociedad. Tal aprendizaje es mucho más que ser educado o cortés, son características que generan reciprocidad a largo plazo y pueden dar lugar a mejores relaciones sociales que se traduzcan en un mejor sistema de vida. Es necesario invertir en estas costumbres para cimentar una sociedad basada en el respeto mutuo y la consideración por el otro. Para poder convivir con armonía es fundamental generar interacciones de calidad, y si eso se empieza a inculcar desde temprano en el desarrollo de cada persona, mejor. Uno de los errores de padres y madres es esperar a que su hijo empiece a hablar para iniciarlos en la educación de estos asuntos, pero hay que saber que el cerebro de un bebé tiene mucha capacidad de receptar estímulos. Entonces, está la posibilidad de enseñar las reglas del agradecer, pedir bien y saludar desde los primeros meses de vida. La neurociencia afirma que el sistema neuronal de un niño está programado genéticamente para conectarse con los demás. Es decir, por naturaleza nos sentimos atraídos a interactuar con los cerebros de las personas de nuestro alrededor, por eso un chico que observa y escucha que en su contexto utilizan la expresión “gracias”, más allá de que no entienda del todo de qué se trata irá desentrañando su importancia con el tiempo. Es así que irán descubriendo los valores de la reciprocidad, el respeto y la empatía. En un primer momento de su vida el niño que es criado con el ejemplo y aprende a saludar, pedir por favor y agradecer, lo hará casi de forma automática pero a medida que crece se dará cuenta de los beneficios que confiere esta práctica. Tratar con respeto a los demás es también respetarse a uno mismo, y de esa manera es como se funda la reciprocidad y el sentido de convivencia. A partir de los 7 años es que se empiezan a experimentar todos los valores de inteligencia social, si es que le fueron enseñados. Allí es cuando la amistad, las responsabilidades afectivas y la colaboración son consideradas. Este proceso que debe ser guiado por los adultos no es sencillo pero existen ciertas pautas centrales que son de fácil aplicación y sirven para predicar con el ejemplo. Entonces, si se entró a algún lugar, corresponde saludar, si se va, también hay que despedirse, si se recibió un favor o ayuda, hay que agradecer, si te preguntan algo, es necesario responder, si te hablan, hay que escuchar, si tiene algo, puedes compartirlo, si no lo tienes, no sirve la envidia, te quedaste con algo que no es tuyo, hay que devolverlo, necesitas colaboración o un favor, pídelo amablemente, si cometiste un error, es necesario disculparse. Son comportamientos simples pero que marcan una gran diferencia si se realizan diariamente y son trasladados a los hijos y nietos para que los adopten desde bien chiquitos.