Los sueños se cumplen con eficiencia y creatividad

Los sueños se cumplen con eficiencia y creatividad

Una fábrica de juguetes de una pequeña localidad pampeana que no para de crecer y reinventarse.

La historia de Manick Patagonia y su creador no es corta, pero como toda historia que tiene al emprendedurismo y la innovación como ingredientes principales, vale la pena ser contada y conocida. Daniel Klundt nació en Bahía Blanca en la época en que su padre, oriundo de Ataliva Roca, fue hacia esa ciudad bonaerense a realizar el servicio militar. Cuando él tenía 12 años, la familia se volvió a La Pampa y aquí se formó educativamente en la ENET Nº1 y forjó su círculo de amistades. A los 18 años regresó a Bahía para ingresar a la universidad, sin terminar su carrera entró a trabajar en una empresa que se encargaba de hacer el mantenimiento a la compañía Telefónica en todo el país. “Yo me siento más de Ataliva Roca que de Bahía”, reconoce Daniel ante la consulta de Guía en La Pampa. En un momento la firma para la que trabajaba deja de tener contrato con Telefónica y despide a gran parte de su personal, pero a él le dicen que no quieren perderlo y le preguntan donde desearía ser trasladado. Su capacidad para resolver distintos problemas técnicos le permitió mudarse a Bariloche con su esposa y su hijo de 4 años. Corría el año 2000 y Daniel estaba a cargo del mantenimiento en toda esa zona rionegrina. Empezó a pensar en una actividad económica que lo ayude a sustentar su vida y la de su familia, aparte del trabajo en la empresa, y comenzó a observar “con ganas” lo que sucedía en el mercado artesanal barilochense. Fue entonces que decidió tener una fábrica de juguetes: lo despiden de su trabajo y con el dinero de la indemnización compra el terreno de al lado de su casa para instalar su nueva idea. La primera gestión de Martín Borthiry como intendente de Ataliva Roca incluyó el proyecto de crear un parque industrial. Daniel se reunió con el jefe comunal y le expresó su deseo de tener su fábrica de juguetes allí en el pueblo por dos razones: por la ubicación geográfica privilegiada de encontrarse en el medio del país y “porque yo sabía que iba a volver a Ataliva”, confiesa el entrevistado. Le dieron la posesión de un terreno, sacó un crédito y comenzó a hacer juguetes, que en los primeros tiempos siempre le daban pérdida porque no sabía realizarlos bien. “Me encanta hacer cosas de madera, y los juguetes siempre me llamaron la atención”, explica Daniel la razón por la cual se inclinó por este rubro. Era el año 2003 aproximadamente y el hombre iba consolidando su proyecto personal de a poco, aunque seguía trabajando como autónomo haciéndole mantenimiento a varias empresas de telefonía. Hasta que en el 2009, este emprendedor se cansó de esa vida, le dejó todo a su socio, agarró a su familia y junto a un amigo se fueron durante un mes y medio a viajar en una camioneta y una casilla. Volvió de esa expedición y realizó una especie de retiro espiritual en el Cerro Catedral. Al bajar, arregló con los dueños de las discotecas bailables de Bariloche hacerles el mantenimiento. Como era una ocupación que le llevaba solamente las horas de la mañana, le quedaba la tarde libre para volcarse a fabricar juguetes, que era lo que él realmente quería hacer. Al poco tiempo recibió un pedido de Buenos Aires para hacer un Ford T de madera. Daniel hizo 4.500 unidades de ese vehículo, y una de ellas llegó a las manos del Papa Francisco en el año 2014. “Aprendí a hacer juguetes a un precio rentable. Nosotros competimos contra cosas que vienen de afuera, pero tenemos precios excelentes con una gran calidad de juguetes. Y eso creo que me lo dio el Ford T”, sostiene. Por supuesto que la noticia de su juguete en las manos del Sumo Pontífice salió en todos los medios de Bariloche, aunque el buen momento duró poco porque tiempo después Daniel sufrió el robo de todas las máquinas de su taller. Pero como la suerte acompaña a los que no se quedan quietos, la policía logró recuperarlas. Un segundo intento de robo convenció a la familia de abandonar esa ciudad patagónica e irse a un lugar más tranquilo. Fue así que a principios de 2015 emprendieron la mudanza, dejando atrás sus trabajos y su vida anterior, con el objetivo de empezar de cero. El que arriesga gana dice el refrán, y vaya que ganó Daniel. Manick Patagonia está en pleno funcionamiento y cuenta con más de 140 locales en toda Argentina donde se distribuyen sus productos. Los juguetes que hacen poseen tres particularidades: son ecológicos (se utiliza madera, que es un material natural, renovable y biodegradable), didácticos (ayudando al desarrollo de los niños con el fin de que desarrollen su imaginación, creatividad y sensibilidad) y duraderos (solidez, lavables y muy difícil dañarlos). La historia de este emprendimiento es valiosa porque desde un pequeño lugar de La Pampa había que competir con otros vendedores ya instalados en el rubro. En mayo de 2015, Daniel, que vivía dentro de su propia fábrica junto a su familia, tuvo la posibilidad de ir a mostrar lo que hacía a la feria “Puro Diseño” en Buenos Aires, a raíz de un viaje organizado por el Ministerio de la Producción del Gobierno Provincial. “Yo no tenía mucha fe, sin embargo terminamos con una mención especial que nos dio un poco de visibilidad”, recuerda. Ese hecho hizo que gradualmente Manick fuera teniendo más clientes. “Entra Macri y empiezan a aumentar las cosas. Yo mantuve los precios un año y medio, mejorando la calidad”, explica Daniel, y detalla que logró optimizar el tiempo de fabricación para no tener que subir los precios. Con esta metodología, en un año pasó de tener 2 o 3 locales a tener entre 30 y 40 nuevos locales. Es así que desde el 2015 a la actualidad, vienen incrementando la clientela y los espacios de comercialización de manera extraordinaria. “Vengo superando la producción todos los años pero siempre me pasan por arriba. Yo tendría que estar produciendo el doble. Y eso que no hago propaganda, se hace un poco sola”, confiesa. Klundt considera que las mejores fábricas de juguetes están en Alemania, y este año pudo darse el gusto de asistir a una feria en Núremberg y observar de cerca las producciones que allí realizan. Manick ya está consolidada a nivel país, y algunas de sus producciones se venden cada vez más en Uruguay. No obstante, para poder seguir expandiéndose necesita de un acompañamiento financiero que Daniel no está seguro de solicitar en este momento de Argentina, donde las tasas de interés están por las nubes y la incertidumbre económica es muy alta. Prefiere, por ahora, seguir cultivando lo que logró generar e ir de a poco ampliando su fábrica que le da trabajo a varias personas de manera directa e indirecta, y no solo en Ataliva Roca sino también en otras localidades pampeanas. Porque de eso se trata, hacer lo que se desea, con creatividad y espíritu emprendedor, valores que hacen la diferencia en esta época de competitividad.