El Salitral: inicio, desarrollo y erradicación

El Salitral: inicio, desarrollo y erradicación

El barrio nació con algunos de los primeros habitantes de Santa Rosa, pero obtuvo su nombre muchos años después. El golpe de Estado de 1976 representó su fin, pero sigue vivo en la memoria colectiva.

Muchas personas de Santa Rosa se habrán enterado en las últimas semanas, a raíz de los hechos de toma de terrenos que son de público conocimiento, que hubo un barrio histórico en la capital pampeana llamado El Salitral. Este espacio, erigido también de manera improvisada en una zona cercana a lo que actualmente es la laguna Don Tomás, tiene una historia muy rica para contar. Según el artículo “El Salitral: un barrio central en la historia de Santa Rosa”, de la historiadora Claudia Salomón Tarquini, El Salitral se ubicó al este de dicho espejo de agua, en la parte que hoy es el Parque Recreativo. Las casas precarias que se fueron instalando de forma desordenada se convirtieron en un rasgo identificador. El escritor José Carlos Depetris recordó, durante una emisión del programa televisivo “Pasado Urgente”, que en un principio había muchos habitantes de ese lugar que eran indígenas, pero también había italianos y españoles. El Salitral apareció casi paralelamente a la fundación de Santa Rosa, ocurrida el 22 de abril de 1892, cuando algunos grupos familiares de los primeros habitantes santarroseños fueron a habitar los bajos salitrosos de la pendiente que da hacia la laguna. Los primeros en llegar eran indígenas que se instalaron en cercanías de la estancia La Malvina (propiedad de la familia Mason-Gil), luego de recibir la baja en el servicio militar, y llegaron hasta allí con el objetivo de trabajar para el Comandante Remigio Gil. Con el tiempo, también fue llegando una gran cantidad de indígenas que migraban desde el oeste pampeano hacia la capital en busca de mejores condiciones de vida e iban a parar al Salitral. Es a partir de la década del 30´ que tal barrio recibe este nombre, en referencia a las características salinas que tenía la laguna. El agua no siempre estuvo ahí, hubo épocas en que solo era un bajo seco. La zona era propicia porque las familias podían obtener recursos de varios lugares cercanos. El monte proveía de leña y pasturas para los animales, cacería de piches, liebres, vizcachas y recolección de huevos de animales. Al mismo tiempo, podían acceder a los recursos de la ciudad, principalmente trabajos a cambio de un salario. En aquellos años fundacionales de El Salitral, los lazos entre los vecinos eran muy fuertes, y normalmente eran vínculos de parentesco. Algo similar ocurre actualmente con el Nuevo Salitral, donde las personas se ayudan mutuamente Ya en la década del 40´, El Salitral se extendía a lo largo de varias cuadras (aproximadamente desde lo que hoy es la calle Alsina hasta la actual avenida Uruguay) entre los espacios de tierra comprendidos entre las vías y la laguna. Eran terrenos fiscales donde acudían a instalarse personas que no tenían medios económicos para comprar un lote. Las viviendas eran muy precarias, levantadas con chapas, maderas, ramas y bolsas, y daban refugio a la población santarroseña más humilde. Más tarde aparecieron algunas casas hechas con ladrillos de adobe. También llegó a haber ciertas diferencias en las condiciones de vida de El Salitral. En la parte sur se alojaban los que tenían un pasar un poco mejor, y allí supo haber algunos comercios; mientras que en la zona norte estaban los más indigentes, en la cual la comercialización se reducía al trueque de las producciones que cada vecino pudiera lograr elaborar. El apogeo del barrio ocurrió entre los años 50´ y 60´, cuando sus habitantes definitivamente empezaron a sentir como propio ese lugar. La pobreza, el hacinamiento y la falta de salubridad y condiciones dignas eran el rasgo común, pero sus ex habitantes que aún permanecen con vida recuerdan esos días como llenos de felicidad, diversión y acciones sanas, a pesar de las carencias. Cada tanto las callecitas informales que se habían creado y las casas construidas se inundaban cuando la laguna rebalsaba al recibir las aguas servidas de Santa Rosa. Por otro lado, una importante cantidad de los hombres y mujeres que residían allí conformaban la mano de obra no calificada en la ciudad capital, incluso los niños que desde muy chicos salían a trabajar como lustrabotas, cadetes, canillitas, para ayudar a la economía familiar. Las familias más acomodadas que habitaban zonas residenciales de la capital pampeana no tenían una apreciación positiva sobre El Salitral, y las personas pobres que vivían allí eran prejuiciadas debido a sus formas de vida. Pero estos prejuicios no llegaron a traducirse en discriminación, exclusión ni tampoco se creía que el barrio era habitado por malvivientes. Por el contrario, se lo consideraba, y se lo recuerda, como una barriada de gente humilde y de trabajo. Las únicas adversidades que debieron enfrentar eran el frío del crudo invierno, el calor abrasador del verano y algunas persecuciones de la policía que no dejaba trabajar tranquilamente a los niños. Asimismo, las autoridades gubernamentales siempre estaban controlando el barrio, fundamentalmente en los temas que tenían que ver con seguridad y salubridad. Los primeros intentos para erradicar El Salitral ocurrieron durante el gobierno peronista, con una serie de casas que se construyeron en la misma zona de lo que hoy es el Parque Recreativo Don Tomás, pero fueron demolidas pocos años después. No obstante, a fines de los 50´ comenzó un plan para trasladar a los habitantes del barrio, el cual tuvo mayor ímpetu durante los 60´ y finalizó en marzo de 1976, por lo que el proyecto fue llevado adelante por los distintos gobiernos de turno. Algunos de los vecinos fueron reubicados en la zona hacia el este-noroeste de la laguna, en un sector donde se construyeron 160 viviendas. Otros fueron a parar a los barrios Matadero, Héroes de Cochicó, Las Rosas, Las Torcazas, Los Olmos, Cruz del Sur, EPAM (sigla que significa “Esfuerzo propio ayuda mutua”), y aquellos que no aceptaron que les den una casa se les adjudicaron terrenos fiscales en Zona Norte y Villa Parque. El proceso de erradicación culminó la misma noche en que se dio el Golpe de Estado. El gobernador Aquiles Regazzoli tenía conocimiento de que el gobierno constitucional estaba a punto de ser derrocado y en la noche del 23 y madrugada del 24 de marzo de 1976 se encargó, junto con sus funcionarios, de repartir las llaves de las viviendas del Peñi Ruca a sus adjudicatarios. Esta barriada había sido construida recientemente y las casas ya estaban listas para entregar pero se pensaba hacerlo más adelante. Los testigos de esa noche, recuerdan que circularon gran cantidad de camiones por la ciudad trasladando los muebles y demás cosas de las familias hacia sus nuevos hogares. Ese hecho significó el fin de El Salitral. La nueva vida no fue tan buena para las personas más viejas porque perdieron sus lazos afectivos con sus vecinos y familiares. Los barrios entregados estaban muy distantes entre sí, y la cotidianeidad se vio afectada. Además de que los terrenos eran más pequeños que en El Salitral y eso atentó contra el desarrollo de actividades agrícolas o ganaderas en pequeña escala que solían practicar las familias para conseguir su sustento diario. Ya era muy difícil poder tener animales, granja, huerta o incluso recolectar los frutos del monte. Los habitantes mayores siguieron tratando de no perder sus relaciones afectivas creadas cuando vivían cerca de la laguna, mientras que quienes eran de origen indígena mantenían viva su lengua para alimentar su origen común. El Salitral físicamente dejó de existir, pero continúa vivo en la memoria de los más antiguos pobladores de Santa Rosa.