No apto para escépticos

No apto para escépticos

Se cumplieron 50 años del primer aterrizaje del ser humano en la Luna, aunque los incrédulos todavía persisten. Una serie de pruebas afirma que la misión fue real.

La nave Apollo 11 despegó un 16 de julio de 1969 desde el cabo Kennedy y cuatro días después sus tripulantes harían pie en la Luna, dando lugar a que un comentarista televisivo dijera su famosa frase: “Un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad”. La raza humana había logrado llegar a la Luna, y ayer martes se cumplieron 50 años de esa proeza (años más tarde también cumpliría ese objetivo otros enviados de la NASA). Sin embargo, siempre hubo, y todavía están, quienes creen que la misión no fue real y que se trató de una puesta en escena hecha desde algún estudio cinematográfico de Hollywood que obedeció a intereses yanquis en el marco de la Guerra Fría con la Unión Soviética. Pero las pruebas que demuestran que tal viaje fue verdadero existen por montones. Primero están las propias felicitaciones del jefe del Programa Espacial Soviético a la NASA, pero también hay miles de rocas que fueron traídas desde el satélite natural de la Tierra, fotografías y testimonios de más de 400.000 científicos, técnicos e ingenieros que participaron en la expedición espacial. Por si todo eso no alcanza para convencer a los incrédulos, hay dos argumentos muy fuertes que resulta casi imposible refutar. Uno de ellos son los espejos retro-reflectores que fueron colocados en el suelo lunar, además de la bandera estadounidense y un sismógrafo, y están conformados por cientos de pequeños prismas. Los mismos son usados mediante láser por científicos pertenecientes a diversos observatorios del mundo, quienes usualmente disparan un láser contra el lugar exacto donde está el reflector con la intención de que este repita la señal en dirección directa hacia la Tierra. Así se corrobora de manera casi instantánea que el hombre pisó la Luna. Esta técnica también se utiliza para medir la distancia entre nuestro planeta y la Luna, que se aleja cada año unos 3,8 cm. El otro elemento que no permite descreer del alunizaje son las huellas de los astronautas Neil Armstrong y Buzz Aldrin, que quedaron marcadas en el piso lunar. Se necesita un telescopio especial para poder visualizar estas marcas pero además del Orbitador de Reconocimiento Lunar de la NASA, que tomó fotos de alta resolución, también estas huellas fueron reconocidas por equipos de China, Japón e India. En la actualidad, la carrera espacial entre las grandes potencias mundiales vuelve a renacer, aunque esta vez no alcanza con llegar a la Luna sino que se busca explotar sus recursos. Estados Unidos y China son los países que pican en punta. El presidente Donald Trump le pidió en marzo pasado a la NASA que acelere el proceso para que la especie humana regrese a la Luna en el 2024. El objetivo es llegar, quedarse y desde allí enviar astronautas a Marte. China avanzó mucho en los últimos años en este terreno, y eso a los estadounidenses no les cae bien, porque ellos estuvieron algo dormidos y aparte porque la nación asiática está a favor del mercado pero no deja de ser comunista. Otro elementos que da cuenta de que se trata de una disputa política, más que científica, es el hecho de que las investigaciones que ponen de argumentos ambos países se podrían hacer tranquilamente usando robots, sin necesidad de enviar personas. India e Israel tienen un presupuesto más acotado y aspiraciones menos ambiciosas pero igual corren desde atrás en esta competencia espacial, pero tratando de enviar naves no tripuladas para estudiar la superficie lunar. Los progresos en esta área podrían servir para conocer mejor la formación del sistema solar, extraer minerales en el mismo terreno lunar o desarrollar una industria de turismo espacial. Las posibilidades parecen infinitas, pero el conocimiento siempre tiene sus plazos.