La inteligencia como resultado de la actitud y los valores

La inteligencia como resultado de la actitud y los valores

Los sistemas educativos no están a la altura de las circunstancias que presenta la vida actual y eso es aprovechado por los poderes, principalmente el político, para su beneficio.

Es imposible tener bajo control todas las variables que pueden llegar a influir en nuestra vida cotidiana, pero según los estudiosos, el tener una actitud positiva siempre ayuda a enfrentar los obstáculos que la vida puede poner en el camino. Una crisis o problema puede ser abordado con la mente en modo optimista y los resultados, más allá de que resulten buenos o malos, servirán para acumular experiencia y aprendizaje. Eso, a la larga otorgará a la persona sabiduría y prudencia, que son pilares fundamentales para desarrollar una buena actitud ante todo. La actitud, y también el hábito, están relacionados con los procesos de enseñanza y aprendizaje porque la institución escuela tiene la función de formar, y capacitar es desarrollar hábitos. A partir de esto es que se enfrenta el mundo, su realidad y al resto de los individuos de una manera determinada que son las actitudes. Aunque la formación de actitudes no es solo tarea de la escuela, sucedió que el veloz avance de las tecnologías de la información y la comunicación y las características de la sociedad posmoderna actual dejaron al sistema educativo sin conocimientos significativos y lo llenaron de conocimientos que se repiten entre docentes y alumnos, cuyo contenido es pobre. Asimismo, los procedimientos fueron perdiéndose y con ellos se difuminaron las actitudes. La solución es volver a los valores y a las actitudes que los diferentes agentes educativos deben despertar en la ciudadanía. De esta forma, se podrá pasar de la ignorancia a la certeza, al conocimiento. Es un cambio fundamental que nos debemos como sociedad mundial porque si se da, tendremos más oportunidad de dejar de ser manipulados por el poder político y mediático. Debemos desarrollar nuestra capacidad de entender lo que sabemos y saber usarlo en función del contexto. La historia a lo largo del mundo ha dado gobernantes de todas las vertientes imaginables: cultos, estrategas, inteligentes, con experiencia, inescrupulosos, malignos, inútiles. Y es común escuchar todavía que muchos de ellos pudieron gobernar, y lo hicieron, aprovechándose de la ignorancia del pueblo. La inteligencia no es tener conocimiento, y aunque se relaciona con la virtud de aprender, es necesario que ese aprendizaje conlleve asimilación, discernimiento, comprensión y sentido común. Ese tipo de inteligencia es fundamental sembrar en el pueblo, para que deje de ser una masa o un conjunto de gente toda homogénea y así evitar el adoctrinamiento que ejercen los distintos poderes que hay en una sociedad. En tiempos electorales como los que estamos viviendo en Argentina, una inteligencia, apoyada en actitudes y valores humanitarios, nos vendría bien para lograr mirar detrás de la imagen pública de los candidatos que hacen promesas y revelar su verdadera identidad. Es importante que quienes desean ser los dirigentes de los destinos de una comunidad o país sean lo que dicen ser. Es decir, la imagen pública de un político, que seguramente construyen asesores en comunicación que son muy bien pagados, debe coincidir con su verdadera identidad. Como personas, no debemos caer en la trampa de ver lo que queremos ver, sino tratar de observar más allá y profundizar en la personalidad, los valores, las creencias, la formación y los objetivos de un determinado candidato o gobernante. Son muy pocos los sistemas educativos a nivel mundial que preparan a sus estudiantes en el arte de desarrollar actitudes y valores que los doten de inteligencia para realmente poder actuar en la sociedad actual. Se trata de un panorama desolador que debe ser transformado en lo inmediato para dejar de ser dirigidos por un poder absoluto en el que hasta a un burro le resulta fácil gobernar.