El cambio climático o la contaminación, todo puede ser

El cambio climático o la contaminación, todo puede ser

Un pez luna fue hallado muerto en las costas de la playa de Pehuen Co. Es un hecho no muy frecuente, aunque no es la primera vez que ocurre en territorio argentino.

El cuerpo sin vida de un pez luna fue encontrado por vecinos de la localidad balnearia de Pehuen Co y las fotografías del suceso no tardaron en difundirse debido a que se trata de un animal bastante raro por las características de su físico. El ejemplar hallado medía más de un metro y medio y pertenece al género Molas, que es el más pesado de los peces óseos. Se desconocen las causas de su fallecimiento, aunque algunos arriesgaron a que pudo deberse a la contaminación de la ría o al cambio climático. El cuerpo de un pez luna podría ser descripto como una gran cabeza con aletas, plano y de forma ovalada. Pueden llegar a medir hasta 3,3 metros de longitud y su peso varía entre 247 y 2.000 kilos. Posee una piel muy gruesa que no presenta escamas, la cual está cubierta de una capa de moco y su textura es similar a la del papel de lija. El color puede ser de varias tonalidades de gris, marrón y gris plateado. Carece de nervios, aletas pélvicas y vejiga natatoria, y tiene menos vértebras que otros peces. Cuenta con una cola que le sirve para usarla de timón y está dotado con un hocico pequeño con dientes fusionados en forma de pico. El pez luna se encuentra en varias partes del planeta Tierra, habita principalmente en zonas templadas y tropicales, aunque se han divisado más ejemplares en las costas del sur de California en Estados Unidos, en Indonesia, en las islas Británicas, en las islas del norte y sur de Nueva Zelanda, en las costas de África y del mar Mediterráneo y en las del Mar del Norte. Su hábitat son los arrecifes de coral profundos y lechos de alga en mar abierto, pero su comportamiento, de carácter solitario, lo lleva a disfrutar de tomar el sol en la superficie para regular su temperatura corporal después de haber estado nadando en aguas frías y también para liberar sus aletas de los parásitos. Vive con cierta tranquilidad porque no tiene depredadores naturales que lo busquen para alimentarse, además de que su tamaño y piel gruesa convencen a sus posibles atacantes de no intentarlo. Sin embargo, si algún tiburón, orca o león marino se atreve a hacerlo, el pez luna nada hacia bajas profundidades donde las otras especies no se atreven a seguirlo. Este animal no se encuentra en la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza pero igual existen amenazas en su hábitat natural. Una de ellas es la pesca que lleva adelante el ser humano, que en la mayoría de las circunstancias atrapa un pez luna por accidente pero hay otros que lo buscan para poder comercializar su carne. Su dieta alimentaria se basa en medusas, zooplancton, crustáceos, salpa, algas y larvas de peces. Las conocidas aguas vivas también son de su agrado, lo que quizás explicaría que un ejemplar haya terminado en las costas de Pehuen Co, donde abundan este tipo de organismos. No obstante, no es la primera vez que se encuentra el cadáver de un pez luna en las costas argentinas. En el 2007 se halló uno que medía más de un metro y medio de largo, en las afueras del balneario Sauce Grande de Monte Hermoso. El primer registro en territorio argentino se dio en 1895 cuando un señor de apellido Catuogno, conocido como “el negro pescador”, pidió ser retratado al lado de un pez luna en la banquina del puerto de Mar del Plata. Y el ejemplar más grande que se halló fue en 1956 sobre la costa de Comodoro Rivadavia, cuyo cuerpo fue exhibido por pescadores de la zona.