Los gauchos olvidados de las islas Malvinas

Los gauchos olvidados de las islas Malvinas

En el siglo XIX un grupo de gauchos argentinos fueron llevados al archipiélago, donde vivieron bajo condiciones de mucho penar y algunos de ellos nunca pudieron regresar.

Un total de 649 jóvenes argentinos fueron los que perdieron la vida durante el conflicto bélico por las islas Malvinas en el año 1982, pero poca gente sabe sobre lo ocurrido más de 100 años antes a eso. En agosto de 1829, Luis Vernet, comandante político y militar, se embarcó hacia las islas con su esposa e hijos, persiguiendo el objetivo de poblar el lugar. Para ello llevó a gauchos de distintas provincias argentinas, como Santa Fe, Buenos Aires, Entre Ríos, Córdoba, Santiago del Estero, además de personas de origen francés e inglés, un puñado de tehuelches y esclavos que fueron bajo la promesa de que obtendrían su libertad después de trabajar 10 años. Los gauchos estuvieron obligados a soportar muy duras condiciones laborales, además de las climáticas. Sus tareas en el campo no eran remuneradas de manera justa por sus patrones, y también se convirtieron en objeto de intereses políticos y comerciales. Todo este proceso no fue pacífico, y se sucedieron algunos reclamos e intentos de rebeliones que terminaron con algunos asesinatos y sentencias de cárcel. Un relato del naturista inglés Charles Darwin cuenta su experiencia con dos gauchos argentinos que lo acompañaron en una de sus expediciones por las Malvinas. “Describiré a continuación una pequeña excursión que efectué alrededor de una parte de esta isla. Salí por la mañana con seis caballos y dos gauchos; estos últimos eran hombres excelentes para mis propósitos y estaban acostumbrados a salvar cualquier obstáculo con sólo sus propios medios”, detalla el escrito. Y luego agrega su asombro por cómo uno de sus acompañantes cazó un animal que fue cocinado al fuego: “Fue admirable ver la destreza con que Santiago logró situarse tras el animal, hasta que consiguió por fin darle el golpe fatal en el tendón principal de la pata trasera, después de lo cual, sin gran dificultad, clavó su cuchillo en la parte superior de la espina dorsal de la vaca, que se desplomó como fulminada por un rayo. Cortó entonces algunos pedazos de carne, con la piel pero sin huesos, en suficiente cantidad para nuestra expedición. Nos dirigimos luego hacia el punto que habíamos escogido para pernoctar, y cenamos \\\'carne con cuero\\\', o sea carne asada con la piel. Es tan superior al buey común como lo es la carne de venado con respecto a la de carnero. Sobre las brasas se asa un gran pedazo circular de la espalda, de forma que la piel quede expuesta directamente al fuego y haga las veces de sartén, con lo cual se consigue que no se pierda ni una gota del jugo. Si aquella noche hubiese cenado con nosotros algún digno concejal, sin duda la \\\'carne con cuero\\\' pronto se habría hecho famosa en Londres”. Darwin hablaba de los gauchos Manuel Coronel (quien supo ser en algún momento la cara del billete de 50 pesos argentinos) y Santiago López, quienes acompañaron al científico por parte de su expedición en el año 1834. Estos paisanos eran integrantes del grupo que había llevado Vernet ocho años antes, y permanecieron durante la ocupación inglesa. Asimismo, ellos dos junto a José María Arguello, Fermín Escalante, Félix García y Celestino Zapata son los gauchos argentinos que fueron trasladados a las islas Malvinas y nunca volvieron a su país. Murieron en territorio isleño y sus cuerpos yacen enterrados allí. Sus historias estuvieron marcadas por la pobreza, el desarraigo y la tristeza, pero también por el coraje y el orgullo de ser lo que eran. Algunos corrales de piedra todavía están en pie y prueban la permanencia del legado argentino en el archipiélago que nos fuera injustamente arrebatado.