Tratado Unión Europea y Mercosur: Los que están a favor y en contra

Tratado Unión Europea y Mercosur: Los que están a favor y en contra

En el viejo continente no todos los países apoyan rotundamente el acuerdo entre los dos bloques porque temen por sus economías.

El tratado final entre la Unión Europea y el Mercosur todavía no fue firmado y ya despierta controversias y posiciones antagónicas no solo en Sudamérica, sino también entre algunos países de Europa que no ven con buenos ojos esta iniciativa. La Unión Europea nuclea a 28 naciones que deberán alcanzar acuerdos básicos y acercar sus posiciones para que el acuerdo entre ambos bloques sea ratificado. Proceso que puede llegar a demandar mucho tiempo, y de no tener éxito podría llegar a dar por tierra con el tratado. Los agricultores y los ambientalistas son los más críticos porque además de temer por la competencia, creen que los productos sudamericanos no cumplirán con los estándares de calidad europeos y advierten sobre posibles enfermedades que aparecerían. Por otro lado, las empresas de automóviles, maquinaria y productos farmacéuticos que exportan hacia América Latina resultarían muy beneficiadas debido a que el acuerdo suprimiría los aranceles. Los países que están a favor son Alemania, Portugal, España, Reino Unido, Dinamarca, Holanda, Luxemburgo, República Checa, Austria, Eslovenia, Croacia, Suecia y Finlandia. En contra del arreglo están Irlanda, Polonia, Eslovaquia, Hungría, Bulgaria y Bélgica, y en posición indecisa se encuentran Francia, Italia, Grecia, Malta, Chipre, Rumania, Lituania, Estonia y Letonia. Quienes están a favor observan que podrían acceder a un mercado que posee 770 millones de consumidores, la décima parte de la población mundial. De concretarse el acuerdo, el 91% de las exportaciones europeas a Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay dejarán de pagar aranceles. Algunos países como Reino Unido, Alemania, España, Portugal y las naciones nórdicas vienen apoyando este arreglo hace tiempo porque son competitivas en términos de exportaciones de bienes industriales o porque poseen vínculos históricos que las llevan a considerar esta oportunidad como un proyecto político. Desde el sector de países europeos que no son optimistas respecto al acuerdo expresan que la reducción de los precios para los consumidores solo se dará si los beneficios no son absorbidos por los comercios minoristas, además de que esperan impactos sobre el medio ambiente. Manifiestan que las ventajas y desventajas del arreglo no se darán tanto a nivel país sino según las dimensiones sectoriales, geográficas, de aptitudes y de ingresos per cápita. Los productores ostentan un lugar privilegiado, social y políticamente hablando, en la sociedad europea, por más que ninguna nación de la Unión Europea tiene bienes agropecuarios entre sus principales ventas al exterior. No quieren competir contra economías que son especialistas en este tipo de exportaciones. En Francia es difícil que el tratado sea aprobado porque el rechazo no distingue entre ideologías partidarias y se trata de una nación que ha defendido la protección europea desde siempre y sus campesinos tienen una tradición de movilización y protesta que se pone en acción de forma rápida. Sin embargo, los sectores de punta de la economía francesa están a favor del acuerdo pero advierten que se debe estar muy de cerca siguiendo la manera en que se aplica, ya que deben cerciorarse que los productos sudamericanos cumplan con los estándares de calidad sanitarios, de medio ambiente y bienestar de los animales que Europa tiene. El gran desafío de los estados participantes será desarrollar políticas redistributivas de manera equitativa porque el libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur otorgará beneficios para los consumidores y productores, pero al mismo tiempo traerán pérdida de ingresos en el fisco y reducción de fuentes laborales.