La parálisis del Congreso

La parálisis del Congreso

Llegan épocas de elecciones y los diputados y senadores de la Nación dejan de cumplir sus funciones como es debido.

El 2019 está siendo un año bastante atípico en el tema eleccionario por la cantidad de comicios que ya se dieron, a raíz de que la mayoría de las provincias decidió desdoblar las elecciones para que no sean en la misma fecha que las nacionales, y porque todavía faltan varias y de las más importantes. Pero eso no es razón para que un sector del funcionariado público, que se debe creer que tiene coronita, deje de hacer su trabajo. Hablamos de los diputados y senadores nacionales, esos que trabajan en el Congreso de la Nación y que tienen la obligación de proponer, discutir y aprobar las leyes por las que se rige nuestro país, ni más ni menos. En lo que va de este año, la Cámara de Diputados ha sesionado cinco veces (1 sesión ordinaria, 3 especiales y 1 informativa) y la de Senadores lo hizo en cuatro oportunidades (1 ordinaria, 2 especiales y 1 informativa). Otro dato que da cuenta de que el Congreso está en campaña y muchos de sus integrantes se abocan a ello, es la cantidad de leyes sancionadas. Hasta el momento se sancionaron 9 leyes, cuando el año pasado fueron 18. Siguiendo hacia atrás con la comparación, se observa que de los últimos ocho años, el 2015 y el 2017 fueron los períodos en que más leyes se sancionaron, con 33 y 27 respectivamente. Vale recordar que ambos años también fueron electorales. En tanto que en el 2012 se sancionaron 19 leyes, en el 2013, 26, en el 2014, 14, y en el 2016, 21. Tal situación no sería noticia si se tratara de empleados del sector privado, pero son funcionarios públicos que cobran abultados sueldos gracias a la plata que se recauda con los impuestos que paga la sociedad argentina. Son nuestros representantes constitucionales, los que deben analizar el estado de lo que sucede en el país en diversas problemáticas y pensar normas para solucionarlas. Entonces, si el Congreso funciona mal, o no funciona o lo hace a medias, se convierte en un gran flagelo para el resto de los habitantes. Cabría hacerse la pregunta y detenerse caso por caso, pero ¿la mayoría de ellos están capacitados para ejercer la función de legisladores nacionales? A simple vista se puede arriesgar que hay muchos que no…y el Cambalache sigue más vigente que nunca. No está mal que los diputados y senadores tengan otro tipo de aspiraciones políticas y cuando llegan las épocas de elecciones hagan campaña para ocupar nuevos cargos, pero si se comprometieron a cumplir una función por un determinado tiempo, deberían tratar de hacer un esfuerzo y hacer las dos tareas al mismo tiempo. O de última, pedirse licencia sin goce de sueldo para dedicarse a su campaña electoral. Siempre que asumen un cargo de importancia en el sector público deben jurar que se comprometen a cumplir sus obligaciones con responsabilidad, seriedad y vaya a saber cuántas calificaciones más, pero a eso habría que agregar que se comprometen a trabajar también. Tal vez así logremos empezar a dejar de vivir “en un mismo lodo todos manoseados”, como dice el tango.