Morir de frío

Morir de frío

El invierno es muy cruel con los que nada tienen, pero más grave es la crueldad del Estado.

La hipotermia sucede cuando el cuerpo de una persona pierde calor de forma más rápida a la que lo produce, provocando una disminución peligrosa de la temperatura corporal. Está catalogada como una emergencia médica. La temperatura normal del cuerpo humano es aproximadamente de 37ºC, y se considera que hay hipotermia cuando esta desciende a niveles por debajo de los 35ºC. En una situación tal, el corazón, el sistema nervioso y otra serie de órganos no logran funcionar correctamente. Si un caso de hipotermia no es tratado a tiempo, la persona puede sufrir la muerte debido a que el frío puede provocar que el corazón y el sistema respiratorio dejen de funcionar. La causa más recurrente de contraer este estado clínico es la exposición a un clima frío. Los primeros síntomas son los escalofríos, ya que son los mecanismos automáticos que activa el cuerpo para calentarse cuando nota que la temperatura está bajando. Pero el paciente también puede experimentar balbuceo, respiración lenta o poco profunda, pulso débil, falta de coordinación, somnolencia, confusión o pérdida de memoria, pérdida del conocimiento, entre otros. Algo de eso debe haber padecido Sergio Zacaríaz, de 52 años, quien falleció por hipotermia ayer lunes a solo dos cuadras de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. Como tanta gente en nuestro país, el hombre vivía en la calle y allí fue encontrado su cuerpo ya sin vida. Según el Censo Popular de Personas en Situación de Calle llevado a cabo en mayo del año pasado, Capital Federal tiene 4.394 personas viviendo a la intemperie, 1.478 que están en alojamientos nocturnos y unas 20.000 que están en riesgo de terminar viviendo en la calle. Los tratamientos principales para curar la hipotermia se relacionan con métodos para dar calor al cuerpo de la persona, con el fin de que recupere la temperatura normal. Pero a Sergio, y a tantos más en nuestro país, les falta el calor del Estado y de una mayoría de la sociedad que no reacciona porque ya ha naturalizado la desigualdad. Zacaríaz no murió de frío solamente, porque seguro también tenía hambre, además de algunos cartones y una muda de ropa que serían todo su capital. La Casa Rosada está ubicada a cinco cuadras de donde él dio su último suspiro, pero los representantes del Estado llegaron cuando ya era tarde. Cubrieron su cuerpo con una bolsa y le propiciaron un techo improvisado por una especie de gazebo que montó la Policía porteña, quizás para seguir invisibilizando lo que todos sabemos que existe: la indigencia, la soledad, la pobreza, el olvido.