Ser viejo en un mundo que gusta de la juventud

Ser viejo en un mundo que gusta de la juventud

La clase de los adultos mayores es la que más crece en cantidad en todo el mundo, aunque los valores sociales de hoy en día no les dan el reconocimiento merecido.

Cuando alguien nace ya empieza a envejecer porque así es el fluir más natural de la vida, pero la sociedad se ha empeñado desde siempre en vivir cada vez más años, invirtiendo en recursos y logrando avances médicos. Sin embargo, es una etapa a la que nadie quiere llegar. La gente que todavía no alcanzó esa fase de su existencia no puede saber con anticipación lo complejo que es vivir de viejo en una sociedad mundial que pregona que lo más importante es ser o parecer joven. La palabra, los conocimientos, la experiencia de las personas de la tercera edad van perdiendo valor para el resto de los ciudadanos, no son tenidos en cuenta, los van dejando de lado. La discriminación por edad es la más extendida en el mundo y son las mujeres mayores las que más lo sufren. Los estereotipos asociados con la edad siguen más vigentes que nunca, alcanza con prestar atención a, por ejemplo, las ofertas laborales que existen, los chistes cotidianos o las miles de publicidades que nos invaden todos los días. Las personas mayores son encasilladas por estos mecanismos y los meten a todos en la misma bolsa. Así, se crea un ideario en el imaginario común totalmente erróneo, como que todos los viejos están enfermos o dependen de otros para poder vivir. Pero en realidad, el 70% de las personas mayores en Argentina son auto válidas, o sea, que son capaces de cuidar de sí mismos o incluso cuidar a otro individuo. Tampoco es verdad que los más grandes están tristes o deprimidos. El 80% afirma que es feliz, un porcentaje mucho más alto si se lo compara con los adultos jóvenes o con los adolescentes que manifiestan este sentimiento. Mucho menos puede caerse en la trampa de pensar que son una clase pasiva, cuando lo cierto es que la gran mayoría de ellos hace algún deporte, participa en voluntariados, estudia, viaja o sigue trabajando. Por eso es fundamental no dejarse llevar por los estereotipos que nos bombardean a diario. Son muy poderosos y tienen alto impacto en la vida de la gente porque determinan comportamientos sociales e institucionales. Está demostrado que los proyectos donde se involucran personas mayores de 65 años tienen más probabilidades de éxito, pero aún así no existen becas, ni convocatoria o crédito de financiamiento que los incluya. La materia geriatría no existe casi en ninguna universidad pública de Argentina, los futuros profesionales de la salud se forman para tratar adultos jóvenes, pero no mayores. Todo lo relacionado al envejecimiento es apenas un tema que se aborda de manera general. Ni hablar de los docentes que a los 70 años están obligados a retirarse de la actividad. Los medios son otro elemento que ayuda a sostener esa conceptualización de que la vejez no es algo bueno. Lo demuestran las pobres notas de color que hablan de esos temas y que usan siempre la misma imagen para ilustrar. Entonces, el progreso hizo extender la esperanza de vida de los seres humanos pero no nos estamos preparando de la mejor forma para atender y vivir esos años de vida como corresponde. En Argentina viven 6 millones de personas que tienen más de 60 años, y en el 2050 va a haber más mayores que niños y adolescentes. Es el grupo social que más crece, y se trata de una tendencia a nivel mundial. No nos gusta verlo, ni asumirlo, pero estos números dan cuenta de que somos una sociedad envejecida. Es necesario reconocernos como lo que somos, y por ese camino descubrir nuevas posibilidades de innovar, generar empleo, crear nuevos productos y servicios. La vejez nos va a llegar a todos, nadie puede escapar, por lo tanto es primordial repensar como sociedad los aspectos económicos, sociales y culturales que nos guían actualmente, modificándolos en función de los conocimientos y la sapiencia de las personas mayores para realmente entender cuáles son sus necesidades, posibilidades, deseos y gustos, con el objetivo de que no dejen de estar en la vida antes de tiempo.