Endeudarse para fugar

Endeudarse para fugar

La fuga de capitales es un mecanismo que beneficia a los poderosos y perjudica a los de más abajo.

En estos días se volvió a hablar sobre la fuga de capitales y el alto nivel que ha desarrollado en los últimos años, sin embargo no todos saben con precisión a qué refiere este concepto y cómo funciona. Se llama fuga de capitales a las divisas, es decir dólares, que salen del sistema financiero y bancario nacional mediante la implementación de distintas operaciones, que pueden ser legales o ilegales. Así, estos instrumentos monetarios quedan fuera de la economía nacional. Otros mecanismos que complementan la fuga son la remisión de utilidades de las empresas multinacionales a sus casas matrices y los pagos de intereses de la deuda externa que contrajo el país. Respecto al primer factor, las compañías suelen recurrir a artilugios como la falsificación de declaraciones de exportaciones e importaciones o la manipulación en los precios del comercio exterior. Argentina tiene problemas estructurales que le provocan que falten divisas, entonces el éxodo de capitales profundiza aún más estas graves situaciones. Estas son algunas de las causas que producen la devaluación del peso, alimentan la inflación y hacen perder poder adquisitivo a los salarios. Según el Banco Central, organismo encargado de analizar la fuga de capitales legal, durante el 2018 se fugaron 27.320 millones de dólares de nuestro país. Se trata de una cifra récord que incluso supera a la de 2008, año en que ocurrió una crisis financiera mundial. Los grandes fugadores de la economía argentina son los bancos, los fondos especuladores y la clase alta. Cuando el gobierno del presidente De La Rua implementó el corralito en el 2001, la banca confiscó los depósitos de la gente y propició una enorme fuga de capitales, que superó 5 veces lo invertido por las empresas ese mismo año en el país. El 70% de las divisas que se fugaron eran de las 100 firmas empresariales más importantes. Los fondos especuladores hicieron un enorme negocio el año pasado al pasar sus inversiones de pesos a dólares. Así fueron fundamentales en la corrida cambiaria acaecida, juntamente con los bancos que oficiaron de intermediarios y obtuvieron jugosas ganancias. Por otro lado, los sectores más pudientes de la nación también aportan su granito de arena al funcionamiento de este mecanismo al mantener la mayoría de sus activos dolarizados. Según especialistas, los activos de argentinos en el exterior alcanzarían un total de 400.000 millones de dólares, lo que representa un 70% del PBI. Estas cifras dan más bronca si se las analiza a la luz de lo que podría ser hecho con todo ese dinero fugado. En los primeros cuatro meses del año actual se fueron de Argentina un total de 7.036 millones de dólares. Ese monto es 6,5 veces mayor al presupuesto nacional 2019 destinado a salud, 4 veces más del que se asigna diariamente a la educación y 9 veces más grande al otorgado diariamente para el pago de las Asignaciones Universales por Hijo. En números más concretos: con ese dinero se podrían haber construido 351 hospitales de alta complejidad, 148.000 viviendas, 18.000 escuelas y se podría haber duplicado el presupuesto actual de 57 universidades nacionales. Lamentablemente, el Gobierno Nacional se endeudó con el FMI y usa esos recursos para financiar la fuga de capitales. El año pasado el Fondo nos prestó 28.200 millones de dólares, y los niveles de fuga llegaron a representar un 96,5% del total de esos desembolsos. Así será muy difícil poder salir del pozo.