Dar la vida por la mina

Dar la vida por la mina

La minería es el trabajo más peligroso del mundo y en Jujuy ya no quieren ser más carne de cañón.

La minería es el trabajo más peligroso del mundo si se toma en cuenta la enorme cantidad de personas que ponen en riesgo su vida para ganarse el pan de esta forma. La Organización Mundial de la Salud indica que los trabajadores mineros representan el 1% de la fuerza de trabajo a nivel mundial. Traducido en números, esto es 30 millones de personas, pero el 8% de los accidentes mortales se dan en esta actividad. Sus condiciones laborales son cambiantes y siempre el peligro está latente, ya que la mayoría de los empleados cumplen sus tareas en condiciones donde no hay luz natural, sin ventilación, creando huecos en la tierra mediante la eliminación de material y tratando de asegurar que esto no impacte de manera inmediata en los estratos circundantes. No hay información confiable sobre la cantidad de lesiones y enfermedades, como neumoconiosis, la pérdida de la audición y los efectos de las vibraciones, que sufren los trabajadores mineros. Muchos de ellos quedan discapacitados de por vida. Pero aunque no haya cifras verosímiles, la gravedad de estos incidentes puede observarse actualmente en el reclamo que llevan adelante más de 600 trabajadores de la Mina El Aguilar de Jujuy. Caminaron 233 kilómetros por la Quebrada de Humahuaca hasta llegar a la capital provincial para reclamarle al Gobierno que intervenga por mejores condiciones de seguridad y dignidad para su trabajo. El paro y la protesta comenzó hace una semana y es por tiempo indeterminado. Entre esos centenares de mineros hay algunos que también acompañan la movilización y son prueba viviente de las consecuencias de estar en la mina. Los hay con muletas o con partes de su cuerpo mutiladas. La mina El Aguilar está en producción hace 90 años, se ubica a 4.600 metros de altura sobre el nivel del mar y los trabajadores deben descender entre 1.000 y 1.200 metros para llegar a su puesto. Los mineros reclaman que los informes que hace la empresa sobre el estado del lugar no son fidedignos y temen porque se produzca un accidente fatal, debido a que los directivos deciden ahorrar gastos manteniendo los huecos de donde extraen el mineral sin rellenarlos como se debería. Chile tiene lamentables experiencias recientes con este tema. En 2010, 33 mineros quedaron atrapados bajo tierra a unos 720 metros de profundidad durante más de dos meses. El hecho sucedió en la mina San José, localizada en Copiapó. Asimismo, hace aproximadamente 10 días tres mineros bolivianos quedaron sepultados bajo tierra ante un derrumbe provocado a 100 metros de profundidad por un “colapso de material al interior de la mina San José de Tocopilla”, informó en ese momento el Servicio Nacional de Minería chileno. Los accidentes en las minas son una noticia que cada tanto aparece en los medios, cuando es que se difunde porque existen muchos intereses políticos y empresariales alrededor, a los cuales no les conviene que estas tragedias se conozcan. Por algo el Gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, sigue haciendo oídos sordos a los reclamos de los empleados de la mina El Aguilar. El radical continúa mintiendo en que están cambiando la matriz productiva de la provincia pero la desocupación casi se duplicó: según Indec, el desempleo pasó de 6,8% en 2018 al 11,4% en el primer trimestre de 2019. La multinacional Glencore es la dueña de dicho emprendimiento minero pero como en diciembre pasado cerró la Fundición El Aguilar en Palpalá (Jujuy), dejando a 150 trabajadores en la calle, y en abril de 2016 cerró la planta ArZinc en Rosario (400 personas más sin empleo), ahora todo el material que extraen lo exportan directamente sin procesarlo en nuestro país.