Belgrano no fue solo el creador de la bandera

Belgrano no fue solo el creador de la bandera

Se destacó como economista, abogado, periodista, educador y militar.

Todos los 20 de junio se conmemora al prócer Manuel Belgrano, quien murió en la misma fecha pero del año 1820, 10 años después de haber sido uno de los protagonistas fundamentales de la Revolución de Mayo y 8 desde que había creado la bandera argentina. La mayoría de los argentinos ve a Belgrano únicamente como el inventor de la insignia patria, pero tuvo un papel más que destacado en la consolidación de nuestro país. Estando en las márgenes del río Paraná, donde contenía los embates de las tropas realistas que provenían desde la Banda Oriental, se le ocurrió la idea de hacer un distintivo para distinguir a los soldados argentinos de sus enemigos. El Triunvirato le dio permiso para crear una escarapela que debía ser color celeste y blanca, pero Belgrano fue más allá y creó una bandera con esas indicaciones, que enarboló un 27 de febrero de 1812 y la hizo jurar por sus soldados. El celeste y blanco obedecen a los colores utilizados por los Borbones, no fue una inspiración basada en el cielo. La Revolución de Mayo tuvo un carácter antiabsolutista, no antiespañol , y la Primera Junta juró lealtad a FernandoVII, legítimo rey de España que en esa época estaba preso por Napoleón Bonaparte. La segunda vez que Belgrano saca la bandera fue el 25 de mayo de 1812, en Jujuy, donde había llegado para hacerse cargo del Ejército del Norte, por una orden de Bernardino Rivadavia, secretario del Primer Triunvirato. Sin embargo, el bautismo de fuego de este símbolo argentino fue el 20 de febrero de 1813, en la Batalla de Salta, uno de los dos mayores triunfos bélicos en lo que hoy es Argentina y que comandó Belgrano. El otro se dio en Tucumán, el 24 de septiembre de 1812, luego del Éxodo Jujeño. No tenía instrucción militar, pero el propio San Martín llegó a decir: “Belgrano no será un Napoleón Bonaparte, pero es lo mejor que tenemos en Sudamérica”. Lo que se debe conmemorar hoy son las ideas bandera de este gran patriota. El celeste y el blanco representan la defensa de la producción nacional, el reparto de la tierra, el trabajo para todos, la sostenibilidad del mercado interno, la reivindicación de los pueblos originarios, el cuidado de los niños. La historia la escribe los que ganan, y los que tienen poder, por lo que muchos libros de historia no fueron justos con nuestro prócer, que puso siempre los intereses de la Patria por encima de los propios y se enfrentó a los enemigos, ya sean argentinos o extranjeros. Sostenía que la producción primaria nacional debía ser manufacturada y luego exportada, que la agricultura y la minería debían ser complementadas por la industria. Consideraba que esta producción debía protegerse con aranceles porque las importaciones traían la ruina de la Nación. Siempre condenó a quienes endeudaban al país y los definió como “enemigos de todo lo viviente, (que) devoran al ciudadano”. Planteaba como primordial la defensa del mercado interno ya que pensaba que “la grandeza de las naciones está dada por la grandeza de sus consumos”. Y se animaba a afirmar la diferencia de clases sociales, diciendo que “existen en el mundo dos clases de personas, las que pueden disfrutar de los bienes y servicios de la tierra, y las que sólo pueden trabajar para que las otras disfruten”. Belgrano murió pobre, enfermo y solo. Debió pagarle a su médico con un reloj de oro que tenía y muchas veces tuvo que recurrir a sus amigos para poder comer. El gobierno central nunca saldó la deuda que tenía con él, a quien debía 13 mil pesos oro (a valores actuales serían alrededor de $600.000). Cuando sus restos fueron exhumados en 1903, durante la presidencia de Julio Argentino Roca, para pasarlos a un mausoleo, los ministros Joaquín V. González (Del Interior) y Pablo Ricchieri (de Guerra) aprovecharon para robarle los dientes al prócer. “No veo más que pícaros por todos lados, sobreponen sus intereses personales a los de la Patria”, había manifestado el creador de la bandera mientras estuvo vivo. Y tuvo razón, ni siquiera una vez muerto los “pícaros” lo dejaron tranquilo. El día después de su muerte ningún diario sacó la noticia. En ese momento tener un medio de comunicación era muy caro y solo las personas de mucho dinero podían darse ese lujo, por lo tanto eran los únicos que elegían que se publicaba y qué se sabía. No les convenía dar difusión, ni siquiera de su muerte, del hombre que siempre había enfrentado el poder y había soñado con una patria libre y democrática, por la que incluso había peleado en el campo de batalla.