Las cartas que nunca llegan

Las cartas que nunca llegan

El Correo Argentino desde que se privatizó aumentó sus ganancias pero disminuyó la calidad de su servicio.

El Correo Argentino supo distinguirse por su eficiencia a la hora de prestar el servicio de correspondencia y permitir que la gente se comunicara en épocas donde la tecnología no lo había invadido todo. Pero el gran funcionamiento empezó a venirse a pique en el año 1997 cuando el entonces presidente de la Nación, Carlos Menem, dio lugar a su privatización y prometió que íbamos a “tener un correo de avanzada, de primer nivel”. El Grupo Macri fue el beneficiado con la maniobra y sigue siéndolo hasta el día de hoy. La empresa está involucrada en una causa judicial a partir de que el Estado, bajo gobierno de Mauricio Macri, intentó perdonarle una deuda de 70.000 millones de pesos. Un curioso hecho se dio en los últimos meses, que demuestra cabalmente que la privatización no fue la mejor opción. El pasado 10 de abril una persona envió una carta desde Buenos Aires con destino a Santa Rosa. El cliente pagó el servicio en calidad certificada, porque según los empleados del Correo eso le aseguraba mayor seguridad y celeridad. Lo cierto es que el destinatario recibió la misiva el pasado 5 de junio, o sea casi dos meses después. Si se mandaba con alguien que la llevara caminando o en bicicleta, por ejemplo, hubiese llegado mucho antes. Cosas inexplicables que suceden en este país. Cuando el gobierno de Menem decidió pasar este servicio al sector privado, solo tres países en el mundo (Nueva Zelanda, Holanda y el Congo) tenían su correo privatizado. Por su supuesto, el vaticinio del riojano nunca estuvo ni cerca de cumplirse. El Correo Argentino vio aumentar enormemente las ganancias de sus dueños pero empobreció y despidió a muchos de sus trabajadores y bajó el nivel del servicio, perjudicando a la ciudadanía. El Grupo Macri jamás cumplió con su parte y dejó de pagar el canon semestral al Estado argentino en el año 2000. Tampoco se preocupó por hacer las inversiones que establecía el contrato firmado. Con la complicidad política de turno, la empresa cerró más de 100 sucursales, dejó en la calle a la mitad de su personal y aumentó el precio de sus tarifas hasta un 750%. En el 2001 se decretó su quiebra, pero dos años después, bajo la gestión de Néstor Kirchner, el Correo fue reestatizado aunque no le exigieron a sus directivos que paguen la deuda contraída con el Estado hasta ese momento, que ascendía a 900 millones de pesos. Los puestos de mando siguieron siendo ocupados por los mismos macristas y algunos servicios se tercerizaron para favorecer a otras compañías del Grupo Macri. La familia Macri siempre se las ha arreglado para hacer buenos negociados con los gobiernos de turno, ya sean dictatoriales o democráticos. En el medio siempre quedó la gente, que ahora no puede enviar ni una carta que llegue rápido, pero por suerte ya existe el correo electrónico y el whatsapp.