Hacinamiento y violencia, un combo de emergencia

Hacinamiento y violencia, un combo de emergencia

Nuestro país posee una de las tasas de encarcelamiento más alta del mundo.

Argentina ha declarado varias emergencias en el último tiempo, que tienen que ver más que nada con lo económico, pero pocos saben que el Ministro de Justicia de la Nación, Germán Garavano, en marzo pasado también declaró la emergencia carcelaria. En Santa Rosa ocurrieron dos motines en la Unidad 30, prisión administrada por el Servicio Penitenciario Federal. La última fue el pasado lunes, cuando un grupo de reclusos, por motivos no establecidos, inició un fuego en el interior del edificio. La acción no pasó a mayores y fue controlada por las autoridades, que contaron con el apoyo de bomberos y policías provinciales. Otro episodio anterior había tenido lugar el 15 de mayo, con una participación más grande de detenidos y con dos personas heridas. Estos graves hechos nos llevan a reflexionar sobre las condiciones de vida en las cárceles argentinas y las relaciones que se establecen entre los penitenciarios y los individuos que tienen que cuidar. Pues bien, la situación no es para nada prometedora. La superpoblación en las prisiones de nuestro país es un ambiente propicio para todo tipo de violación de los derechos humanos. Un informe reciente de la Procuración Penitenciaria advierte que la política oficial, basada en el punitivismo, ha colaborado a que las cárceles estén desbordadas de gente y afirma que es necesario buscar soluciones “alternativas” al encierro. Este tipo de informe debe ser entregado al Poder Ejecutivo nacional y al Congreso, una vez por año. En la presentación del último análisis la semana pasada, el Procurador Penitenciario, Francisco Mugnolo, manifestó que \\\"si las cárceles se convierten en depósitos humanos, crece el número de personas que son devueltas a la sociedad peor de lo que entraron\\\". Hasta abril, la población carcelaria total de Argentina era de 13.940 personas, cuando hace 10 años ese número era mucho menor: 9.249. Diversas organizaciones coinciden en que aumentó drásticamente desde el año 2016. El informe de la Procuración destaca que el aumento de la cantidad de presos, 23% más desde el 2015, no se condice con las estadísticas de delincuencia, cuyos casos se han visto reducidos en un 0,2% entre 2017 y 2016. Nuestro país está en el puesto número 16 a nivel mundial, respecto a su tasa de encarcelamiento, con 194 casos cada 100.000 habitantes. Cifra que sigue creciendo. El Servicio Penitenciario busca soluciones débiles para solucionar el problema del hacinamiento, como agregar colchones en los calabozos o convertir espacios que se usaban con otra función en nuevos pabellones de detenidos. Sin embargo, lo que hay que hacer, indica el estudio de la Procuración, es cambiar el modelo de detención. \\\"Hay que buscar alternativas a la prisión, que sean más efectivas y reparadoras. El problema es que es más fácil decirle a la gente que (para mejorar la seguridad) los encerramos a todos\\\", explicó Mugnolo. Las causas nombradas, hacinamiento y violencia, son casi estructurales y se potencian entre ambas. Tal es así que el 45% de las muertes que se dan en las cárceles son por razones violentas, aunque el riesgo de morir no es igual para todos. Los jóvenes y las mujeres son los más vulnerables ante este flagelo. La realidad carcelaria argentina no es motivo de orgullo para los argentinos y cada episodio de rebeldía que ocurre en ellas dan cuenta de que esos lugares y el personal que los dirige no están preparados para la contención, y la improvisación en el control está a la orden del día.