Dime quién te paga y te diré cómo piensas

Dime quién te paga y te diré cómo piensas

“El periodismo es libre o es una farsa”, dijo Rodolfo Walsh.

La objetividad no existe, porque eso significaría que alguien es una especie de semidios que puede analizar todo desde un afuera sin pertenecer, ni ser influenciado o poseer pensamientos propios. Todos tenemos una crianza, educación, una vida, unas determinadas relaciones sociales, gustos, experiencias y demás, que nos hacen ser quienes somos, con nuestras ideas, posiciones e intereses. Y ese bagaje es imposible que no entre en juego a la hora de opinar. Con los medios de comunicación pasa algo parecido. Ellos tienen intereses ideológicos, económicos, sociales, a partir de los cuales conforman su línea editorial. No son independientes, los más importantes dependen de la pauta gubernamental para subsistir, y de las publicidades, en menor medida. Los recursos que destinan los distintos niveles de gobierno (nacional, provincial, municipal) a los medios son determinantes en su inclinación hacia un sector del mapa de pensamiento o hacia otro. Pero los intereses también pueden ser de otra índole, como por ejemplo, políticos, ideológicos, y eso también afecta a la independencia. Siempre se habla parado desde alguna posición, en todo caso es bueno dejar en claro cuál es la camiseta que cada cual tiene puesta y que defiende. Es totalmente válido, pero no exento de discusión. Internet y las redes sociales han permitido una democratización de la opinión, y ahí se encuentran innumerables ejemplos de que todos pensamos y nos expresamos en función de nuestros intereses. La diferencia está en el alcance que tiene una persona particular o un medio alternativo o pequeño, en relación a la llegada masiva que poseen los grandes medios de comunicación. La reflexión surge a partir de los dichos de Dady Brieva, peronista declarado, quien planteó que debería existir una Conadep para los periodistas. La Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas fue creada por el ex presidente Raúl Alfonsín para investigar las violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura cívico-militar. Esta idea del humorista de que los comunicadores sean enjuiciados no fue compartida por casi nadie de la opinión pública. Ya existen mecanismos legales para controlar la tarea periodística, que funcionen bien, mal o directamente no se apliquen es otro tema, pero están. Además, la comparación hecha por el integrante del trío Midachi no es para nada acertada. La Conadep fue creada especialmente para un momento horroroso de nuestra historia, que no tiene ningún punto de comparación en el presente. El periodismo argentino no es perfecto, ni tampoco es independiente. Como sociedad tendremos que encontrar la manera de que sus intereses estén en sintonía con la voluntad de la gente y no a favor del poder, pero implementar una especie de tribunal juzgador hacia esta profesión no es, ni cerca, la solución ideal.