Nos vendría bien un corte de luz masivo cada tanto

Nos vendría bien un corte de luz masivo cada tanto

El apagón histórico que sufrió ayer la Argentina sirvió para darnos cuenta de lo importante que es la energía eléctrica para nuestra vida cotidiana.

Mucha gente se puso impaciente ayer domingo al ver que pasaban las horas y la luz no se restablecía. Ni hablar aquellos que son medio adictos al celular, la computadora, la televisión o algún dispositivo tecnológico…deben haber estado cortando clavos. Las personas muy jóvenes, que nacieron ya con la era de internet y la comunicación digital totalmente consolidadas, seguramente por momentos no sabían qué hacer y caminaban por las paredes. El tráfico debió organizarse por entendimiento improvisado entre los automovilistas, quienes tuvieron que recurrir a la precaución como nunca antes. Por suerte, al parecer no se registraron accidentes, al menos en La Pampa. No faltó alguien que reflexionó y destacó con alegría que el día le había rendido mucho más porque no se había distraído con Netflix, ni con Whatsapp, lo que le permitió realizar sus tareas en tiempo y forma, sin tener que andar corriendo por perder tiempo en la virtualidad. Algunos también se pusieron a leer para combatir el aburrimiento, otros quisieron tomar unos mates y se dieron cuenta que la pava eléctrica no les servía en ese momento así que no les quedó otra que desempolvar la vieja pava de metal. Estos, y otros miles, son solo algunos ejemplos de acciones que se dieron en hogares argentinos que estuvieron sin luz durante casi 12 horas. El apagón nos dio una lección paradójica porque nos hizo dar cuenta de lo imprescindible que es la energía eléctrica en nuestras vidas pero, al mismo tiempo, nos percató de que también podemos vivir un rato sin luz y eso no nos mata. Al contrario, nos vuelve más productivos, más atentos y más relajados. Quizás cada tanto nos vendría bien sufrir un apagón masivo y experimentar viejos modos de relacionarnos y comunicarnos. Nuestra salud estaría agradecida.