Los intocables

Los intocables

Varios presidentes argentinos han terminados presos, pero muy pocos llegaron a ser enjuiciados.

La República Argentina tuvo, desde que se aprobó la Constitución Nacional en 1853 hasta hoy, un total de 49 presidentes. Todos fueron hombres, menos Cristina Fernández y María Estela Martínez, quien accedió al cargo por la muerte de su marido, quien era presidente, Juan Domingo Perón. 12 de ellos fueron presidentes de facto. Varios de estos mandatarios han tenido inconvenientes con la Justicia nacional por motivos relacionados con sus gestiones de gobierno. Lo curioso es que los que pasaron un tiempo tras las rejas no recibieron un juicio bajo las garantías de la ley si no que fueron a la cárcel porque sus derechos fueron violados, principalmente por dictaduras militares. Aquí hay que hacer la excepción de los mandatarios de la última dictadura cívico-militar, que llegaron al poder por la fuerza y no por el voto. Bartolomé Mitre fue el primero en ser privado de su libertad, pero seis años después de que dejó de ser presidente. El cargo que se le atribuyó era “rebelión”, por haber denunciado fraude electoral luego de unas elecciones en la provincia de Buenos Aires. Más adelante, fue el turno de los radicales Hipólito Yrigoyen, Marcelo Torcuato de Alvear y Arturo Frondizi. Los tres fueron derrocados por los militares y encerrados en la prisión de la isla Martín García. Misma suerte corrieron Juan Domingo Perón después de su segundo mandato y Estela Martínez, depuesta por el golpe de 1976 pero llevada detenida a una residencia presidencial en Bariloche. Estas cinco personas fueron acusadas de diversos delitos como asociación ilícita, defraudación, corrupción y traición a la patria, pero no tuvieron la posibilidad de defenderse bajo un proceso legal por lo que nunca se comprobó realmente si eran culpables o inocentes. Ya más cerca en el tiempo, Carlos Menem se convirtió en el primer Jefe de Estado constitucional en ser detenido durante un gobierno democrático. Estuvo bajo arresto domiciliario entre el 7 de junio y el 21 de noviembre del 2001, por habérselo considerado jefe de una banda que se habría dedicado al contrabando de armas con Croacia y Ecuador. El riojano fue juzgado en cinco ocasiones. Por el caso del contrabando de armas fue sometido a juicio oral (primera vez en la historia que un ex presidente argentino llegaba a esta instancia judicial), pero el veredicto fue la absolución. La no declaración de una cuenta bancaria en Suiza, el pago de sobresueldos a funcionarios, encubrimiento en la investigación del atentado a la AMIA y la venta a precio vil del predio ferial de Palermo a la Sociedad Rural fueron las otras cuatro causas en las que estaba involucrado. Solo los casos de la cuenta bancaria y las coimas están cerrados, el resto todavía siguen abiertos y las dos condenas recibidas por el ex presidente no están firmes. Fernando De la Rua fue enjuiciado una vez, luego de haber dejado de gobernar el país. El cargo que pesaba sobre él era presunto pago de coimas por parte de funcionarios de su gobierno a senadores para la aprobación de la ley de reforma laboral. La causa llegó a juicio y el radical fue absuelto. Cristina Fernández atraviesa actualmente el séptimo juicio oral y público que se realiza contra un ex mandatario presidencial. Además, la senadora está procesada en 13 causas más. Mauricio Macri también debe varias explicaciones a la Justicia argentina, aunque por el momento las causas que lo tienen como protagonista no están avanzando. Quizás lo hagan cuando deje de ocupar el sillón de Rivadavia, como siempre ha pasado en la historia argentina. Ministros, secretarios y funcionarios de rangos menores sí han sido enjuiciados, declarados culpables y encarcelados, pero quienes pasaron por el ejercicio de la presidencia argentina parece ser que tienen coronita porque ninguno fue condenado a cárcel común y efectiva. Salvo los militares Rafael Videla, Roberto Viola, Leopoldo Galtieri y Reinaldo Bignone, condenados por delitos de Lesa Humanidad. Es un tema que da para pensar y hacerse variadas preguntas, que podrían resumirse en la siguiente: ¿Los poderosos no son juzgados con la misma vara que los ciudadanos de a pie?