¿La faena “clandestina” es un mal necesario?

¿La faena “clandestina” es un mal necesario?

Los productores ganaderos deben recurrir a acciones que ponen en riesgo la sanidad del mercado de la carne, pero el Estado no afloja con los impuestos que cobra.

Existe una práctica en la provincia de La Pampa que pocas personas conocen y está relacionado con un alimento fundamental. Se trata de la faena “clandestina” que suelen realizar algunos carniceros que compran animales en pie en el campo, principalmente vaquillona o novillito que es lo que más venden, luego los carnean y los venden en su comercio al mismo precio que aquellos que adquieren su mercadería en un frigorífico. De esta forma, las personas que recurren a esta maniobra le sacan mayor ganancia a las ventas porque tienen menores costos al evitar los frigoríficos. Además, es carne que no está controlada por el SENASA. Sin embargo, en pequeñas localidades, esta costumbre debe realizarse por cuestiones de fuerza mayor ya que están lejos de los frigoríficos. En este contexto, vuelven a tomar gran valor las palabras del Gobernador Carlos Verna cuando en su campaña electoral del 2015 propuso que deberían volver los mataderos municipales. Pero la situación no es tan simple. Walter García, periodista especializado en temas agropecuarios, le explicó a Guía en La Pampa las diferentes características que presenta el sector. “Es demasiado caro para el municipio mantener un matadero porque todos los riesgos económicos los tiene que asumir la comunidad porque hoy podes vender y mañana no. La carne es el único mercado casi perfecto que tiene la economía argentina porque tiene millones de productores, cientos de vendedores, de camioneros, de frigoríficos. Además es un producto perecedero, hay que venderlo”, indicó. Para el periodista, es uno de los mercados donde el Estado no debe intervenir porque hay mucho volumen de dinero circulando y esto lo vuelve muy riesgoso, ya que la ganancia es ínfima. “Por eso el carnicero faena en el campo, porque él se cubre, entonces ese margen te permite hacerle frente a las diferencias del mercado”, amplió el entrevistado, en referencia a que el 60% de lo que un productor o trabajador gana por su trabajo se le va en pagar impuestos, por lo cual no le quedan muchas más opciones para subsistir que llevar a cabo su propia faena. “Que el Estado se meta en el mercado de la carne es un problema porque tiene que pagar salarios, tiene que pagar la sanidad y mantener la estructura del lugar, para matar 10 novillos por semana, como mucho”, reflexionó García, debido a que en las localidades chicas es limitada la venta de este producto. Es necesario que el sector ganadero crezca y para eso es fundamental “bajar costos”, sostiene, en referencia a los impuestos estatales, ya sean municipales, provinciales o nacionales. Además, hay que tener en cuenta que el negocio de la carne es lento porque tarda en formarse la demanda y porque los productores ganaderos no pueden apurar los tiempos de la naturaleza en cuanto al engorde de terneros, o si lo hacen, por ejemplo mediante el destete precoz, deben invertir más dinero para alimentar a esos terneros. “Cuando alguien te dice no hay que ajustar, hay que producir más, yo pregunto ¿y quién va a invertir? Porque no solo no hay confianza sino que no hay ganancia”. Aparte, es prioritario que el Estado argentino baje la presión tributaria para así poder seducir inversores y aumentar las posibilidades de exportación. En conclusión, y volviendo al tema de los mataderos municipales, García opina que las comunas lo que deberían hacer es generar las condiciones para que un actor privado invierta y corra con el riesgo que conlleva administrar un emprendimiento de este tipo. Los municipios únicamente deberían cumplir la función de controladores y así evitarían incurrir en un gasto que a veces garantiza ganancia y a veces no.