Trabajar solamente para pagar impuestos

Trabajar solamente para pagar impuestos

Más de la mitad de lo que un trabajador argentino gana va a parar al pago de obligaciones impositivas.

Existe un dato que resulta alarmante: Lo que gana un asalariado argentino desde el 1 de enero al 24 de junio lo tiene que destinar a pagar impuestos (siempre y cuando el dólar se mantenga estable). Es una afirmación relativa, porque depende de la teoría económica con que se mire pero no deja de estar alejado de la realidad...siempre tan compleja. Algunos economistas plantean que el trabajador asume todo el costo de los impuestos salariales, entonces la cuenta arroja que ese sujeto pasa casi la mitad de su año laboral pagando cargas impositivas. Otra parte de la economía dice que una parte de la carga impositiva del salario se traslada parte en cantidad y parte en precio. Esto significa que hay una porción que es asumida por las empresas, que podría repercutir en que contraten menos gente. La expresión de que en Argentina se pagan muchos impuestos tiene una finalidad política que busca meter a los trabajadores en la misma bolsa que las empresas y hacer parecer que la carga impositiva es muy grande y es necesario bajar los impuestos. Pero no es tan sencillo, en todo caso lo que se debe hacer es bajar los impuestos pero a algunos, no a todos. Hay países, como Brasil por ejemplo, que tienen cargas impositivas mucho más altas que la nuestra y sin embargo no sufren los desequilibrios económicos y financieros que tenemos los argentinos. Supongamos que el actual Gobierno Nacional sigue devaluando, achicando gastos y logra un superávit. Va a llegar un momento que no vamos a tener más inflación, pero va a existir un grave problema de desempleo. Pero si la prioridad es solucionar los problemas de la gente e implementar políticas de redistribución, la verdad es que no se puede generar una estructura impositiva baja porque de algún lado tienen que salir los recursos. Caso contrario se va a crear mucha inflación, que también es una forma de impuesto. No se niega que la enorme cantidad de impuestos que se pagan en Argentina no sean un problema. Lo que sucede es que muchos de esas cargas van a parar a sistemas de seguros que no son del todo eficientes, como las obras sociales o las ART. Entonces no es del todo correcto atribuirle todo ese peso al Estado. La idea de que no sirve pagar tantos impuestos porque al fin y al cabo las arcas estatales recaudan poco, no es tan así. La gente que paga impuestos está en la misma condición que la gente que recibe la plata de esos impuestos abonados, o sea, una persona que cobra una pensión de seguridad social, por ejemplo, gasta más que alguien que gana millones de pesos por mes. Ahí es donde debe aparecer el Estado promoviendo un circuito dinamizador de la economía que la única manera de que funcione es incluyendo impuestos. Por eso este tipo de pensamiento es relativo, porque depende de muchas variables, entonces las medidas gubernamentales a veces pueden resultar buenas y en otros momentos ser malas. Si Cambiemos hubiese hecho la brutal devaluación en 2016, apenas asumió, en vez de hacerla el año pasado, la economía argentina estaría creciendo actualmente. La presión impositiva puede ser alta hoy en día, pero también la sociedad le reclama al Gobierno Nacional que no desaparezca la red de protección social que existe y eso se debe sostener con recursos económicos. Si uno recorre los comercios se dará cuenta de que hay pocos clientes, no hay movimiento económico y eso se logra poniéndole plata en el bolsillo a la gente, no bajando impuestos. Tal tarea es obligación del Estado. El macrismo seguro va a recurrir a esta medida en los próximos meses pero porque estamos en épocas de elecciones, y por más que se vea como un paliativo, es el principio para que la rueda de la economía nacional empiece a girar. Sin embargo a no ilusionarse, solamente es un parche para intentar disimular el desastre en que han convertido al país. El aumento del poder adquisitivo de los trabajadores, que son quienes hacen girar la rueda, se resuelve con otro tipo de medidas más sustanciales. Primero es prioridad conseguir que la economía tenga volumen, así las ventas crecen, hay más producción, los empresarios invierten, eso genera más empleo, y el circuito comienza a funcionar por sí solo. Es común que muchos argentinos se lamenten con impotencia diciendo que “para trabajar hay que pagar, el 50% de lo que gano se lo lleva el fisco”. Siempre hay que considerar el tipo de rubro al que uno se dedica y entender que no necesariamente existiría si uno mismo, y el resto, no pagaran impuestos porque la economía nacional no es profunda y no funciona sola, toda la historia requirió que se le saque a uno para ponerle a otro para que el sistema funcione. Es decir, hay sectores sumamente eficientes como el agroganadero, el petrolero o el minero que podrían continuar su actividad sin que haya impuestos, pero otros que no subsistirían, como un negocio que se dedica a arreglar heladeras. Ambos requieren distintas dotaciones de precios, y eso siempre generó conflicto en nuestro país. En conclusión, el problema económico principal en la actualidad no es la alta carga impositiva sino que no hay consumo interno, por lo tanto no hay ventas, ni producción y tampoco inversión, lo que conlleva al aumento del desempleo y la recesión.