La Revolución de la alegría se viene a pique

La Revolución de la alegría se viene a pique

Argentina bajó 18 puestos en el ranking de la felicidad.

Expertos independientes, junto al apoyo de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y la Universidad de Columbia, vienen elaborando el Ranking de la Felicidad desde hace siete años. En el 2018 nuestro país había quedado en el puesto 29, pero en la edición actual descendimos a la posición 47. El informe busca evaluar la calidad de vida de las personas en los diferentes países tomando en cuenta “una variedad de medidas de bienestar subjetivo”, aunque también incluye mediciones de los niveles de educación, apoyo social, eficiencia de los gobiernos, expectativa de vida o corrupción. En el ranking 2019, Argentina quedó por debajo de naciones como Chile, Brasil, Guatemala, Uruguay, El Salvador, Colombia, Nicaragua y Kosovo. Dentro de la región América Latina, nuestro país quedó en el décimo puesto, detrás de Trinidad y Tobago o Panamá, por ejemplo. Como siempre en este tipo de cuestiones, la tabla es liderada por los países nórdicos. Finlandia Dinamarca y Noruega ocupan el podio, seguidos de Islandia, Holanda, Suiza y Suecia. Recién en el octavo lugar aparece una nación no europea, que es Nueva Zelanda, seguida por Canadá. Este informe se publicó el miércoles 20 de marzo para conmemorar el Día Internacional de la Felicidad, que fue decretado por la Asamblea General de la ONU en el año 2012 con el objetivo de “reconocer la relevancia de la felicidad y el bienestar como aspiraciones universales de los seres humanos y la importancia de su inclusión en las políticas de gobierno\\\\\\\". Según el organismo, la felicidad ocupa un papel primordial en la vida de las personas de todo el mundo y, en ese sentido, resalta \\\\\\\"la necesidad de que se aplique al crecimiento económico un enfoque más inclusivo, equitativo y equilibrado, que promueva el desarrollo sostenible, la erradicación de la pobreza, la felicidad y el bienestar de todos los pueblos\\\\\\\". En Argentina, Cambiemos asumió el poder prometiendo una revolución de la alegría, que aggiornó con globos, muchos colores y bailecitos de cumbia en el balcón de la Casa Rosada. Sin embargo, la realidad no tiene nada que ver con eso. La crisis económica, el desempleo, la inflación y el descontento generalizado hacen estragos en la felicidad de la gente que cada día cree menos.