Si en Mendoza están tristes por el Atuel, ¿que nos queda a nosotros?

Si en Mendoza están tristes por el Atuel, ¿que nos queda a nosotros?

En la última reunión de la CIAI, un integrante de la comitiva cuyana se lamentó por el problema que atraviesa el Atuel.

La Comisión Interprovincial del Atuel Inferior (CIAI) se reunió el pasado 20 de febrero en Buenos Aires, y la comitiva mendocina propuso hacer 23 perforaciones en su territorio que servirían para que ellos saquen agua para riego y a nosotros nos manden 1m3/s de caudal. Casi irrisoria la oferta, como todas las que ha hecho la provincia cuyana, aunque los funcionarios pampeanos quedaron en que la analizarían y luego comunicarían su respuesta. Sin embargo, otro detalle que se dio en ese encuentro fue que uno de los integrantes de los representantes mendocinos, de apellido Gomensoro, se lamentó por el estado actual del río Atuel. En vez de lamentarse podría ayudar para revertir la situación ya que el Atuel está en la condición actual, en parte por la baja en el nivel de las nevadas ocurridas en la Cordillera de los Andes, pero principalmente por el usufructo egoísta y desinteresado que hacen los mendocinos desde hace años. Al oeste pampeano no llega ni una gota, salvo en escasas oportunidades que los mendocinos se dignan a dejar pasar el agua para que el Atuel corra libremente, como debe ser. Hace 70 años que mantienen cortado el río, y nos quieren hacer creer que el problema es culpa de la naturaleza. Al respecto, el profesor de la Universidad Nacional de La Pampa e integrante de la comitiva pampeana en la CIAI, Jorge Scarone, escribió un simple y breve poema que pinta el verdadero lamento de este conflicto. El de los habitantes del oeste pampeano, su fauna y su flora. Gomensoro está triste… Tristes están los resecos humedales de La Pampa, sus plantas, garzas, pumas y sapos, un millón de hectáreas era su territorio. Tristes están los paisanos de aquellos parajes, los que viven, porque la mayoría se fue y murió, de tristeza nomás. Abandonaron la tierra ancestral y, tal vez, cientos de años de su historia. Triste el cauce seco, a veces corre un poco de algo parecido a agua, los desechos, las sobras, los excesos, los derrames de los arribeños. Tamariscos donde había agua, ardiente arena ahora, esqueletos de peces, caparazones de tortuga, Pero…Gomensoro está triste… Tristes los ingenieros, los investigadores, los docentes, los políticos, los empresarios, los trabajadores, los niños, sus maestros, los empleados, los desempleados, todos hombres y mujeres, que trabajan, luchan, estudian, escriben, dibujan, anotan, desde hace setenta años y aún esperan. Tristes los que sueñan con un huerto regado, un empleo gracias al agua, el rumor de una corriente, el zumbar de una colmena, el chapotear de un pez, el olor de un alfalfar, el sonido del viento en el maizal…y tantas cosas bellas. Tristes los que alzaron sus bártulos con una esperanza y nunca volvieron a ser lo que fueron. La poesía, la guitarra, el vino, las penas, las alegrías, no serán iguales nunca más. Pero…Gomensoro está triste…