Una experiencia agroecológica que ya lleva 1.500 hectáreas

Una experiencia agroecológica que ya lleva 1.500 hectáreas

Cerca de La Pampa, un grupo de productores dejaron de cultivar con agroquímicos y volvieron a la antigua manera de trabajar la tierra, con el fin de producir alimentos sanos y a menor costo.

En el oeste de la provincia de Buenos Aires hay una localidad llamada Guaminí. Algunos pampeanos seguro la ubicarán por la laguna que le da nombre, pero pocos saben que allí se viene dando una acción agroecológica conjunta que ha mostrado verdadero potencial. La iniciativa comenzó hace aproximadamente tres años con un grupo de ocho agricultores que decidieron dejar de sembrar y cultivar con agroquímicos y apostaron por un trabajo de la tierra más amigable con el medio ambiente. Hoy ya son 1.500 las hectáreas que se producen bajo este modelo. La idea inicial se convirtió en política pública municipal y así lograron obtener alimentos sanos, bajar los costos y mantener el mismo nivel de producción. El impulso primero nació de ver cómo, al igual que en cientos de localidades argentinas, las fumigaciones con agroquímicos se precipitaban sobre sus cabezas, sin respetar horarios ni distancias. Debido a la situación, se conformó una mesa integrada por diferentes actores y plantearon la idea de organizar charlas y debates para poder confeccionar una ordenanza que regule la actividad. Obviamente que el tema dividió al sociedad de 2.800 habitantes, y expusieron representantes de quienes estaban a favor de los agroquímicos y en contra. Un día invitaron a Eduardo Cerdá, ingeniero agrónomo impulsor de la agroecología extensiva, y les cambio totalmente la visión a los productores locales. Les mostró distintas experiencias agroecológicas y puntualizó en el caso de La Aurora, un emprendimiento bonaerense que produce sin químicos desde hace veinte años. Allí nació el primer grupo de productores guaminenses que le propuso a Cerdá que los guie para llevar adelante una experiencia piloto. Una de las condiciones del profesional era que el municipio también se involucre…y así fue. Los ocho productores pusieron sus 100 hectáreas a disposición y empezaron a sembrar avena, vicia, trébol rojo, sorgo, trigo, entre otros, sin venenos. Los protagonistas tenían temor antes de mutar a la agroecología, pero también durante el proceso de cambio, de que las malezas les maten el cultivo. En una crónica escrita por el periodista especializado en estos temas, Darío Aranda, para DSR Medios, relatan que los ingenieros agrónomos que los asesoraban antes solamente les decían que echen más herbicidas, incluso hasta por teléfono, sin visitar el campo. En cambio, Cerdá viajaba cada dos meses y les preguntaba sobre todo para tomar la mejor decisión que asegurara un buen rinde. Dejaron de aplicar químicos, aplicaron la rotación de cultivos, vieron cómo estos le iban ganando a la maleza y empezaron a usar sus animales para que entren al sembradío, coman y bosteen en el mismo lugar para fertilizar el suelo y conservar los nutrientes. Otro factor clave fue dejar de desparasitar a los vacunos según el calendario, porque eso afecta la bosta y no sirve para fertilizar el suelo. Comenzaron a desparasitar según la necesidad de cada animal. Terminó el primer año de la experiencia y obtuvieron resultados iguales o superiores, en cuanto a producción, a los campos que siembran con químicos, pero con el método agroecológico lograron bajar sus costos. En una oportunidad el grupo de productores de Guaminí visitó la estancia La Aurora de la cual les había hablado Cerdá y que está ubicada en Benito Juárez. Eso les generó un gran impacto y los animó definitivamente a cambiar de rumbo. “Me llamó la atención el suelo, nunca lo había visto con esas consistencia y olor. Era pura fertilidad. También los animales (vacas), el estado físico maravilloso, hasta en el pelaje se notaba. Se respira otro aire, y quiero que mi campo vaya en ese camino. Segundo, en La Aurora vi que era posible algo distinto, no era sólo teoría, lo vivimos recorriendo el campo. Es una fiesta”, resumió Rafael Bilotta.