La delincuencia: un problema familiar a largo plazo

La delincuencia: un problema familiar a largo plazo

La falta de trabajo, de educación y de proyectos de vida puede llevar a la delincuencia, pero la ausencia de la familia también es un factor grave a considerar.

Un niño de ocho años intentó robar una joyería el pasado sábado por la tarde en la localidad de Moreno, provincia de Buenos Aires. El joven que atendía pudo resolver la situación sin violencia y sacó al menor del negocio. Relató a la prensa que el niño mostró indicios de que había sido entrenado para delinquir por una serie de gestos y posturas que realizó, como mostrar su cara lo menos posible. Además, cuando lo llevó a la vereda, un hombre lo estaba esperando. La policía más tarde ubicó al niño y comprobó que el arma con la que quiso cometer el asalto era de juguete. El hombre que lo acompañaba huyó. La delincuencia es un flagelo que atraviesa a la sociedad argentina desde hace tiempo, y aunque la pobreza existente es un factor determinante en la elección de este tipo de vida, los recientes hechos catalogados como “motochorros vip” ponen en tela de juicio esa idea. El hijo de la conductora televisiva Ernestina País y el de Gustavo Laje, ex asesor comercial en la Embajada de Estados Unidos, están detenidos acusados de haber cometidos tres robos y son investigados por otros ocho supuestos asaltos. Por supuesto que las circunstancias que llevaron a delinquir a estos dos jóvenes que provienen de la clase media-alta, son totalmente distintas a el contexto de crianza que posiblemente tuvo el niño de la joyería, quien es probable sufra penurias e insatisfacciones básicas todos los días. Entonces, ¿hay algún punto en común entre los protagonistas? Quizás el quid está en la ausencia de sus respectivas familias. La institución familiar viene perdiendo entidad y protagonismo en la sociedad actual, y eso conlleva consecuencias en la comunidad porque es allí donde uno aprende a respetar, a relacionarse con el prójimo y a conocer los valores que guiarán su vida. Vivimos en un país sin justicia, sin educación (o mejor dicho, sin formación) en el cual estamos perdiendo los principios y valores que solamente el núcleo familiar está preparado para otorgar. Obviamente que no vamos a salir de esta problemática de la noche a la mañana. Los distintos gobiernos podrán implementar medidas paliativas, pero es necesario y urgente empezar a pensar a largo plazo. Lo importante es que se trabajen plataformas políticas de manera conjunta para que de acá a 30 años, por decir un número, logremos una sociedad formada que tenga la responsabilidad y la capacidad de educar a sus hijos. Hace diez días la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, inauguró una cárcel para jóvenes de entre 18 y 21 años con el objetivo de encerrarlos para luego reinsertarlos en la sociedad. Se sabe que eso nunca funcionó, y una gran mayoría que sale de la cárcel vuelve a reincidir. Mejor sería que en vez de gastar dinero en más policías, más cárceles, más cámaras de seguridad, se invierta en construir escuelas, pagar sueldos docentes dignos, otorgar becas para los alumnos con necesidades y generar fuentes de trabajo. Si la clase política no ataca el problema de la delincuencia de raíz, y si la sociedad toda no tomamos conciencia y no nos comprometemos,nunca saldremos de esta especie de círculo vicioso que lo único que logra es que se llenen los bolsillos aquellos que venden soluciones cortoplacistas o de mano dura.