La única realidad no son las mentiras que nos cuentan

La única realidad no son las mentiras que nos cuentan

Macri hizo anuncios respecto al PAMI que, según él, beneficiarían a los jubilados, sin embargo cada día son menos los medicamentos que ofrece el Estado y los abuelos son los que más sufren la crisis.

El Presidente Mauricio Macri encabezó un acto hoy lunes por la mañana, junto al director del PAMI, Sergio Cassinotti, en el que anunció que “después de 20 años, el PAMI vuelve a comprar medicamentos sin intermediarios”. Esto significa que a partir de este mes, los laboratorios ya no estarán en el medio de las compras de medicamentos que haga la dependencia que atiende a los abuelos. Sin embargo, esta medida no conllevaría un ahorro de dinero. Macri, que informó la noticia paradójicamente desde el laboratorio “Pablo Cassará”, expresó que este cambio permitirá que los beneficiarios “accedan a una mejor oferta”. “Teníamos un PAMI débil y desequilibrado y ahora tenemos un PAMI sólido y fuerte. La sana competencia va a permitir que cinco millones de jubilados accedan a una mejor oferta. Esto tiene que ver con cuidar lo que es de todos y en este caso cuidar a nuestros jubilados”, dijo el hombre que permitió que durante su gestión se apruebe una reforma previsional que perjudicó seriamente los haberes de los integrantes de la tercera edad. A Macri ya nadie le cree lo que dice y mucho menos lo que promete. ¿Quién no conoce alguna persona que haya tenido algún inconveniente para acceder a medicamentos que el PAMI debería otorgar sin inconvenientes? Las hay por todos lados en los últimos tiempos. Nuestros jubilados no sólo tienen que pelear contra la inflación, su salud y la rebaja de sus ingresos, sino que también ahora deambulan por oficinas y más oficinas tratando de conseguir remedios fundamentales para su vida. La burocracia estatal del PAMI pareciera que prioriza otras cuestiones antes que el bienestar de quienes más lo necesitan y de quienes aportaron. La mayoría de esos jubilados, que en muchos casos no pueden movilizarse por sí mismos por cuestiones propias de la edad y deben pedirle el favor a un conocido o familiar, desisten antes de poder obtener su medicación. El sistema los cansa, porque les toma el pelo. ¿Quién sabe cuántos abuelos y abuelas se irán dejando morir de a poco sólo por no haber conseguido un remedio que el Estado está obligado a dar? La desidia del Gobierno Nacional en este tema es total, y lo que más indignación genera es que el presidente salga a mentirnos en la cara, queriéndonos hacer creer que está todo perfecto.