|
En
sus tolderias de Chiloé (al oeste
de Salinas grandes) murió el día
cuatro de junio de 1873 -casi centenario-,
Calfucurá, el indiscutido soberano
del desierto, que ejerció un poder
omnimado sobre la confederación
indígena a sus órdenes.
El testamento político
de este gran caudillo legaba a sus herederos
la consigna: "no abandonar Carhué
al huinca". De hecho esa voluntad
fue el norte que regló las actividades
posteriores a sus descendientes, quienes
no variaron en nada sus conductas y procederes
con el gobierno nacional.
Después de un tumultuoso consejo
cacicazgo, su hijo Namuncurá de
62 años, asumió el mando
de la tribu y pronto se lo vería
galopar al frente de sus huestes en demanda
de sus presas favoritas, pero enfrentándolo,
encontraría jefes valientes y dispuestos
a poner freno a su ambición sanguinaria.
|